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La
diferencia entre los sexos
En cualquier caso, para el siglo XIX la ciencia médica le había dado la espalda a las teorías de Galeno. ¿Cómo se definió el conflicto doctrinal? Laqueur indica que el descrédito del orgasmo femenino fue una manifestación de profundos cambios culturales operados en la sociedad burguesa. De la mujer medieval de sensualidad desbordante que debía ser refrenada por una rígida moral, se pasó a la idea de una mujer pasiva y desapasionada. Los valores tradicionales asociados a los géneros se trastocaron; ahora el hombre quería sexo y la mujer relaciones, cuando antes la amistad era atributo masculino y la carne femenino. La descontinuación del modelo de Galeno -que concebía que ambos sexos tenían órganos genitales simétricos, interiores e imperfectos en la mujer, exteriores y cálidos en el hombre- expresó cambios fundamentales en la manera de considerar las relaciones entre los géneros. De un modelo vertical y jerárquico que veía dos clases de cuerpos similares, uno superior al otro, se pasó a un modelo horizontal que subrayaba la existencia de dos cuerpos y dos sexos radicalmente distintos. Un índice de este cambio indica Laqueur, fue la invención decimonónica del concepto de ovario, en vez del antiguo orchies, también usado para nombrar a los testículos. A fines del siglo XIX, escritores de todo tipo insistían en las diferencias físicas y morales entre hombres y mujeres. Incluso el biólogo P. Geddes dijo haber encontrado las diferencias celulares que hacían a la mujer pasiva, conservadora, perezosa y estable mientras que el hombre lo volvían activo, enérgico, pasional y variable. Se establecía una nueva relación entre cultura y naturaleza; los sexos habían sido diferentes desde el principio de la evolución, desde la existencia del primer protozoario.
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El triunfo del "modelo de dos sexos", indica Laqueur, no se explica por el sólo avance científico. De hecho, la cronología de la ciencia no se corresponde con los cambios de las concepciones, pues la comprensión científica de la autonomía de la ovulación respecto del orgasmo fue posterior (aunque en el momento del cambio del modelo habría evidencias para apoyarlo). Más bien, hay que buscar las explicaciones en ciertos cambios culturales, como la desvaloración de la mujer y de la actividad procreativa. Es claro, dice el autor, que la diferencia y la semejanza habían estado en todos lados, de maneras más o menos explícitas, pero entonces lo que se consideró y destacó fue definido fuera de las fronteras de la investigación empírica. En cualquier caso, la derrota del orgasmo femenino involucró un cambio fundamental, la ruptura de una antigua metafísica que situaba al ser humano, y a la calidad y delicias de su sexo, como parte del orden social y cósmico. El siglo XIX heredó sus nociones de sexo y procreación a esos lectores del siglo XX que descubrían asombrados las creencias de los salvajes de Malinowski. Claro, las creencias sexuales occidentales, históricamente construidas, quedaban entredichas. |
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