Todo
lo demás no es más que una elaboración de esa primera regla. La segunda
regla: Sé importante. Medimos tu masculinidad por el tamaño de
tu chequera, poder, estatus. La tercera regla: Sé duro como un roble.
Lo que define a un hombre es ser confiable en momentos de crisis, parecer
un objeto inanimado, una roca, un árbol, algo completamente estable
que jamás demuestre sus sentimientos. La cuarta regla: Chíngatelos.
Ten siempre un aula de atrevimiento, agresión, toma riesgos, vive al
borde del abismo.
Mientras
la idea de feminidad ha variado dramáticamente, la ideología de la masculinidad
no ha cambiado en los últimos 50 años, pero además se aplica contra
los "otros": las mujeres, los ancianos, los gays, los negros. Todos
tienen mucho o poco en términos de género. Se les ve así como violentos,
rapaces, bestias, o bien, débiles, indefensos o dependientes, no pueden
sostener una familia, son feminizados.