En cuanto
a la violencia, recordemos la tercera regla de la hombría: Chíngatelos,
es decir, sé atrevido, agresivo, toma riesgos. En Estados Unidos cada
vez que hay una balacera en una escuela primaria, se desatan grandes
debates que nunca dan en el clavo, se habla sobre la cultura del sur,
sobre las armas, sobre la ausencia de los padres de la familia, etcétera,
y resulta que todos esos niños tenían padres en sus casas y de hecho
ellos les habían enseñado a disparar. La mayoría de los pandilleros
chicanos en Los Ángeles vienen de familias intactas. Sin embargo,
la masculinidad permanece invisible en esta discusión. Mientras no
confrontemos las ideas de "chingarse a los demás" y cultivar un aura
de atrevimiento y agresión, vamos a perder la oportunidad de discutir
la violencia con otros hombres.
Por otro
lado, pareciera que los hombres tienen todo el poder; sin embargo,
de manera individual, ellos no se sienten poderosos. El feminismo
ha dicho que los hombres tienen el poder como grupo; sin embargo,
al observar a los hombres reales en su cotidianidad nos damos cuenta
de que no tienen ningún poder. Sus mujeres, sus hijos y sus jefes
les exigen una serie de cosas ante las cuales se sienten sin poder.