En cuanto a la violencia, recordemos la tercera regla de la hombría: Chíngatelos, es decir, sé atrevido, agresivo, toma riesgos. En Estados Unidos cada vez que hay una balacera en una escuela primaria, se desatan grandes debates que nunca dan en el clavo, se habla sobre la cultura del sur, sobre las armas, sobre la ausencia de los padres de la familia, etcétera, y resulta que todos esos niños tenían padres en sus casas y de hecho ellos les habían enseñado a disparar. La mayoría de los pandilleros chicanos en Los Ángeles vienen de familias intactas. Sin embargo, la masculinidad permanece invisible en esta discusión. Mientras no confrontemos las ideas de "chingarse a los demás" y cultivar un aura de atrevimiento y agresión, vamos a perder la oportunidad de discutir la violencia con otros hombres.

Por otro lado, pareciera que los hombres tienen todo el poder; sin embargo, de manera individual, ellos no se sienten poderosos. El feminismo ha dicho que los hombres tienen el poder como grupo; sin embargo, al observar a los hombres reales en su cotidianidad nos damos cuenta de que no tienen ningún poder. Sus mujeres, sus hijos y sus jefes les exigen una serie de cosas ante las cuales se sienten sin poder.

Sus mujeres, sus hijos y sus jefes les exigen una serie de cosas ante las cuales se sienten sin poder, devaluados, incompletos e inferiores, de ahí que estén a la defensiva. ¿Cómo podemos hablar acerca de la violencia sexual y las violaciones sin confrontar la ideología de la masculinidad que exige que los hombres se sientan poderosos cuando en realidad no lo son? Es exactamente en esa disyuntiva donde debemos intervenir.

Los investigadores apuntan que hay tres disfunciones sexuales principales entre los hombres: la disfunción eréctil, el deseo inhibido, es decir, no querer tener relaciones sexuales todo el tiempo, y la eyaculación precoz. Recordemos que la ideología nos dicta que "hay que chingar, estar siempre listos para el sexo, buscarlo siempre, tener un pene de diez pulgadas, duro como un fierro y usarlo sin parar", lo cual me parece un modelo bastante hidráulico de la sexualidad masculina. Esos tres problemas se relacionan con el placer sexual; sin embargo, cuando acuden a terapia, los hombres no lo hacen por falta de placer sino porque no se sienten suficientemente hombres. Su problema no tiene que ver con el placer sino con la masculinidad. Si abordamos únicamente el placer sexual no estamos dando en el blanco. Los hombres ven el sexo como una manera de confirmar su identidad como hombres. La adecuación sexual masculina es la combinación de ser como un roble que no siente nada y chingar, es decir, buscar sexo continuamente, buscar continuamente situaciones en las que no se sienta nada, pero que reafirmen su masculinidad.

 

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