Porque los procesos
referentes al cálculo se inician incluso antes de la entrada
a la escuela, pronto sabe el niño dónde hay más
dulces y cuál barra de chocolate es más grande, qué
sucede cuando avienta las cosas y cómo se vuelven pedacitos cuando
las rompe; también alrededor de los 3 años pasará
largas horas acomodando sus coches, aviones o piedritas, según
lo que tiene a la mano, y aprenderá cuál es más
grande, más chico o igual.
Aunque sí
es en la escuela donde le enseñan a reconocer los símbolos
numéricos y algo más complicado, relacionar la cantidad
de cosas con cada número, a compararlas y hacer conjuntos abstrayendo
lo que tienen en común o porque son diferentes.
A partir de ahí
muchos jóvenes y adultos recuerdan las matemáticas como
un verdadero tormento, y aun hoy en día no es muy claro si esto
sucede por la abstracción de sus contenidos o porque algunos
profesores no enseñan la materia de la forma más recomendable
posible.
Lo cierto es que
a muchos niños no les gustan los números y menos las operaciones
que se hacen con ellos, cuando a otros no sólo les gusta sino
que se les facilita y es algo que raramente estudian porque han tenido
la fortuna de entender y comprender cómo funciona este asunto
de la aritmética.