Psicóloga
Irene Martínez Zarandona
El mundo de los
niños es un mundo a color: sus juguetes tienen colores intensos,
su ropa es alegre, las paredes de
sus
habitaciones están llenas de muñecos, globos y adornos
coloridos.
Varios son
los autores que consideran que la estimulación visual que se
proporciona a los pequeños repercute positivamente en su desarrollo
emocional y cognoscitivo, y por ello son muchos los psicólogos
y maestros que recomiendan a los padres proporcionar a los niños
y niñas experiencias donde el color ocupa un lugar determinante
como: libros ilustrados, crayolas y plumones para dibujar, llevarlos
al cine, juguetes de construcción con cubos y piezas de colores.
Por eso ha
sorprendido tanto en los ámbitos académicos la teoría
propuesta por el investigador norteamericano John G. Mackenzie acerca
de la influencia negativa que tiene el exceso de la estimulación
de color en los niños.
Este científico
basa su advertencia después de haber hecho un estudio de seguimiento
de 10 mil casos de niños y niñas norteamericanos desde
su nacimiento hasta los 12 años de edad, comprobando la hipótesis
de que los niños que fueron sometidos a ambientes donde el color
era excesivo, al llegar a la edad escolar presentaban un deterioro en
su aptitudes de aprendizaje, ya que la sobrestimulación al color
interfiere con sus niveles de atención y concentración.
El estudio
puede ser la base para comprender el aumento del Trastorno por Déficit
de Atención, que cada vez se presenta con mayor frecuencia en
niños y niñas en edad escolar, especialmente en sociedades
avanzadas.
Pero, ¿se
imagina usted un mundo en blanco y negro para que los niños aprendan
mejor?
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