Estas actitudes, empleadas todo el tiempo, se adquieren culturalmente y por transmisión familiar se aprende a manejarlas discriminadamente, según se trate de extraños o amigos.

Algunos ejemplos de las actitudes que tomamos en diversas situaciones nos ayudan a comprender mejor las complejas relaciones humanas y el manejo que hacemos del espacio personal que, al ser invadido, provoca la sensación de aglomeración.

  • Las personas durante las horas de más tránsito en los transportes colectivos inhiben movimientos que puedan invadir a los otros, bajan la mirada, y rehuyen el contacto físico. En caso de que alguien rompa estas reglas “implícitas” y se mueva molestando a otros, se quede mirando fijamente o toque a las personas intencionalmente, se considera como una agresión, que varía según la intensidad de estas conductas.
  • Al entrar en un elevador donde se encuentran otras personas, se adopta una actitud “helada”: los sujetos se envaran poniéndose rígidos, como una forma de disminuir su interrelación y participación. Sin embargo, en situaciones sociales y rodeados de amistades, aunque el espacio físico por persona sea el mismo del elevador, la interacción íntima y estrecha, lejos de afectarlos negativamente, hace que se sientan adaptados y felices.
  • Cuando dos interlocutores conversan la gente que pasa es renuente a caminar entre ellos, lo cual sugiere que dos personas conversando ejercen una territorialidad y un espacio entre ellos, el cual otros individuos se rehúsan a invadir.

Podemos recordar estas u otras experiencias en que la distancia personal no es la deseada, ya sea por los sentimientos que los otros nos inspiran por tratarse de extraños; asimismo, todos hemos experimentado la intimidad y cercanía con seres queridos, lo cual nos es muy gratificante.

El tema tiene muchas facetas que aún requieren de mayor investigación, mientras es necesario reconocer que la violación a su espacio personal —que los ciudadanos de las grandes urbes sufren en forma casi constante— puede provocar en los más sensibles reacciones con repercusiones en sus mecanismos de adaptación al estrés, que a la larga pueden deteriorar su salud y equilibrio.


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