Al parecer hay personas que son más amigables que otras, exhiben menores distancias de espacio personal, y cuando desean transmitir una impresión amistosa o una actitud positiva escogen distancias interpersonales más cortas, a diferencia de los que son neutrales, poco amistosos y reservados.
Al estudio del espacio en relación con las personas se le llama proxémica y uno de los primeros y principales autores es Edward T. Hall, que desde 1973 determinó que existen diferentes distancias personales que la persona utiliza y permite con respecto a los otros, según la situación en la que se encuentran.
Distancia íntima: en la que tienen lugar los actos amorosos, los de lucha, los de consuelo y los de protección y afecto.
Distancia personal: aquella que normalmente separa entre sí a los miembros de una misma especie no gregaria. Se puede concebir como una pequeña esfera o burbuja protectora, que el organismo mantiene a su alrededor, interponiéndola entre él y los demás.
Distancia social: que podríamos definir como un límite de dominación o jerarquía entre los sujetos.
Distancia pública: en la que los sujetos
no se involucran y quedan fuera, por completo, de compromiso e implicaciones.
Muchos autores toman el espacio personal como una forma de defensa entre el individuo y todos aquellos estímulos del mundo exterior o personas que le son adversas; es como una zona corporal de defensa que protege contra amenazas a la salud emocional de la persona.
El ser humano, mediante el mantenimiento de una distancia mínima con respecto a la gente que lo rodea, podría mostrar una conducta adaptativa y reductora de ansiedad, mecanismo que se ha dado por un proceso evolutivo.
La persona conserva varias actitudes con respecto a su espacio y el de los demás, manifestadas por conductas no verbales (cerrar los ojos, cambios en la dirección de la mirada, gestos expresivos, inclinación de la cabeza, posturas de dominio o sumisión, etcétera), que pueden ser conscientes o no.