Sinopsis
El lenguaje permite al niño hablar y pensar. No sólo aprende el nombre de las cosas, sino que adquiere el significado de acciones, sentimientos y conceptos. Aproximadamente a los dos años comprende el significado de la palabra "no", con lo cual reafirma su personalidad, adquiere autonomía y ejerce su capacidad de decisión.

 

El niño crece y se desarrolla dentro de un ambiente familiar y social. Él aprende de las personas que lo rodean y contribuyen para formar la herramienta más inteligente que ha desarrollado la especie humana, el lenguaje. El lenguaje es la traducción en palabras de las cosas comunes y las vivencias más subjetivas que rodean al ser humano. Cada objeto, cada sonrisa, cada sensación va siendo etiquetada a través de unos sonidos, que se repiten siempre en igual orden y que van forjando la huella de cada palabra, que el niño relaciona con objetos, animales, situaciones y personas.

Pero la adquisición de la lengua va mas allá de conocer los nombres, de las cosas, animales y personas (tales como silla, perro y Juan), sino que al enriquecerse la comunicación se adquieren palabras que indican acciones, estados de ánimo, deseos, cualidades y palabras que no tienen referente físico concreto, como los artículos, adjetivos, adverbios, verbos y conjunciones, etcétera, y entonces construimos frases que tienen sentido y orden gramatical como: Ayer el perro negro de Juan, fue muy astuto y se durmió placidamente arriba del sillón.

 

 

 

Nombrar lo que no se ve, oye, huele, sabe o toca, es un claro ejemplo del poder inteligente del idioma y tiene su inicio en este segundo año de vida, en el que se adquieren palabras que implican una incipiente capacidad de abstracción como el concepto del "no", que inicialmente implica el rechazo del niño ante algo que no le gusta o no quiere, y que lo manifiesta al mover la cabeza de un lado a otro, o con gestos faciales que indican su negativa. Posteriormente él adquiere la palabra "no" y comprende el significado de la negación, y con ello da señales que indican la formación del pensamiento abstracto.

Si bien el niño desde muy pequeño es capaz de mover su cabeza de uno a otro lado, de cerrar la boca y mostrar abiertamente su rechazo a la comida expresando su negativa, alrededor del segundo año aprende a decir "no", en un sentido de autonomía. Sin que haya razones o explicaciones, él sabe decir "no".

Este "no" lo aprende de los padres, quienes a lo largo de su corta vida le han repetido infinidad de "nos", por ejemplo: no llores, no tomes ese florero, no te salgas, no te levantes, no lo rompas, etcétera. Adquirir el concepto "no" es comprender el sentido de la prohibición, de lo que no debe hacer, no puede decir o no hay, pero cuando adquiere significado la palabra en la mente del niño es cuando el enfrenta al mundo y dice por sí mismo "no", imponiendo su voluntad, reafirmando su yo y definiendo su autonomía.

Es muy común que a esta edad el niño tenga conductas que los mayores tachan de negativistas, porque él quiere comer solo, hacer las cosas por sí mismo, se niega a vestirse o a desvestirse, no quiere bañarse ni salirse del agua una vez que el baño terminó, él quiere decidir las pequeñas alternativas que a lo largo del día se le presentan, como elegir qué blusa ponerse, recoger o no sus juguetes, saludar o no a las visitas, prestar o no sus cuentos, ir o no a dormir, etcétera.

 

 

 

En ocasiones el decir "no", es solo el pretexto para ensayar esta nueva faceta de su persona: esta nueva y rica herramienta del pensamiento (conocer lo que no tiene forma, color o tamaño, de poder hablar de las cosas que existen aunque no las veamos, el mundo de lo posible, los proyectos e ideales) y aunque en este momento él no tiene conciencia de toda la riqueza del pensamiento abstracto y le faltan muchos años para adquirirlo, este vocablo es un inicio de todas esas posibilidades.

Al adquirir el concepto de "no", el pequeño de dos años se planta sobre sus pies, nos dice quién es y cómo se llama, se sabe un ser único y diferente a los demás; y mirando al mundo dice "sí" o "no", expresando sus deseos y preferencias, ensayando su voluntad, reflejando su personalidad y proyectando el gusto de ser él mismo.

 

 


adquisición del "no"