Sinopsis
Se mencionan brevemente el conocimiento que el niño tiene
de su identidad y los logros alcanzados en la coordinación
psicomotriz. Se enfatiza el mensaje acerca de la normalidad
respecto a las preferencias de lateralidad entre zurdos y diestros,
así como la importancia de la consolidación del
lenguaje en esta edad.
Al
pasar el umbral del segundo año de vida del niño,
una cosa queda clara: sus actividades y movimientos han aumentado
y deja de ser bebé, para convertirse poco a poco en una
personita que sabe quién es, cómo se llama, quiénes
son sus padres, hermanos, familiares y amigos, conoce a dónde
quiere ir, lo que le gusta y lo que no quiere hacer, puede expresar
sus deseos, sentimientos y decisiones, y una cosa de gran envergadura:
aprende cómo se llaman las cosas, adquiriendo la facultad
del lenguaje.
La
maduración de su cuerpo le permite imitar lo que hacen
otros niños e ir adonde desea. Las piernas le obedecen
y lo llevan a lugares que incluso pueden resultar peligrosos,
tales como subir a los muebles, salirse a la calle, asomarse
por las ventanas, caminar y jugar frente a la estufa, etcétera.
A los dos años aproximadamente sube escaleras, al principio
con dificultad y pronto alternando los pies, brinca sobre ambos,
salta desde una silla o mueble, corre y juega a escapar de la
vigilancia paterna para sentirse feliz y perseguido por ellos,
y ríe más feliz aún cuando éstos
lo alcanzan.
A
los dos años se ha vuelto experto en tomar las cosas
con ambas manos, y aunque a esta edad no está definido
si es diestro o zurdo, es importante que los padres lo observen
para ver cuál es la mano o el pie que más utiliza
para coger las cosas, comer solo, tomar una paleta, patear la
pelota, etcétera.
Hace
años se obligaba a los niños a utilizar la mano
derecha para hacer todas las actividades: escribir, comer, golpear
etcétera, hecho que provocaba mucha angustia y sufrimiento
a algunos pequeños zurdos que tuvieron que esforzarse
para adaptarse al mundo de los diestros.