Anastasia Guzmán Vázquez


Los años veinte fueron el escenario en el cual apareció el radio, aparato que cambiaría el destino de los músicos mexicanos para siempre.

Primero sólo captaba dos estaciones experimentales, la CYX y la CYL, pero eso cambiaría pronto: el presidente Álvaro Obregón inauguró en el patio de la escuela de Minería la gran Feria Radioeléctrica.

Los periódicos Universal y Excélsior instalaron sus estaciones transmisoras en la avenida Juárez 62, en “La Casa del Radio” del Universal Ilustrado, donde pronto comenzarían sus transmisiones. El 8 de mayo de 1923 el poeta Manuel Maples Arce con su poema de la radiofonía, alternando con Manuel M. Ponce y Andrés Segovia, inauguró la estación.

La iniciativa privada sería la encargada de patrocinar a la naciente radio mexicana; Sanborn's hermanos, entre otros, comenzaron poco a poco a percatarse del potencial de los medios masivos de comunicación en cuanto a publicidad de cualquier tipo se refiere.

La cigarrera El Buen Tono, dueña de la XE, que más tarde cambiaría para ser la XEB, se convirtió en una de las atracciones más grandes de la época. En 1930 nació la XEW, “La Voz de América Latina desde México”, entre los artistas que inauguraron dicha estación estuvieron Agustín Lara, Jorge del Moral, Juan Arvizu, La Orquesta Típica Miguel Lerdo de Tejada, La marimba chiapaneca de los Hermanos Foquez y Alfonso Ortiz Tirado.

La XEW daría cabida a todas las expresiones de la música popular de la época, desde los boleros románticos hasta los diversos géneros tradicionales de varios estados de la república, pasando por las rancheras y más tarde los géneros afroantillanos.

Desfilaron los grandes nombres de aquellos tiempos: Lucha Reyes, el Trío Garnica Ascencio, Agustín Lara, Gonzalo Curiel, María Grever, los Hermanos Martínez Gil, Fernando Fernández, las Hermanas Águila, las Hermanas Landín y una ola de músicos tradicionales de diversas partes de la república que no tardarían en venir a la capital para probar fortuna: Los Costeños, Los Cancioneros del Sur, el Trío Calaveras, los Vaqueros y tantos otros.

La afluencia de músicos de diversos lugares, no sólo de México sino también de otros países latinoamericanos, hizo de la capital defeña un centro de cultivo de géneros viejos y nuevos que alternaban no sólo con modismos regionales sino también con músicos de escuela y músicos líricos.

En esta ciudad se daban cita sones de Veracruz, las huastecas, chilenas, sones de Jalisco (es aquí donde sufriría una gran transformación el mariachi al grado de volverlo la música mexicana por excelencia) junto con la rumba y los sones cubanos, los tangos, puntos guajiros, pasillos y varios más.

Hay que destacar algunos datos curiosos, como que María Grever en algún momento estudió con la esposa de Debussy; Tata Nacho a su vez lo hizo con Edgar Varèse y la compositora Consuelo Velázquez es una gran concertista de piano, capaz de hacer de su bolero Bésame Mucho (tal vez la canción más cantada de todos los tiempos) una versión “mozartiana”, una barroca, impresionista, en tango, en clave o en lo que se le ocurra.

Otros casos como el del legendario músico poeta Agustín Lara, que no estudió en su vida una nota en una escuela, dan cuenta de que cuando se tiene algo qué decir y el talento para decirlo, con o sin estudios formales el resultado será un artista contundente capaz hasta transformar su tiempo y su espacio. Para nadie es un misterio que México es uno a partir del Flaco de oro y otro después.

  En esos años, entre varios grandes, se transmitían los programas de otro personaje que cambiaría para siempre la historia de la canción mexicana: Crí-Crí.

Como era de esperarse, la estación XEW pronto tendría competencia, ya que se inauguró en 1938 la XEQ. Al principio, los programas eran en vivo y existían horarios de transmisión; más adelante los programas serían grabados y aparecerían los anuncios comerciales.

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En 1942 se inaugura Radio Centro.