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dureza de un material se determina por la capacidad que tiene éste
de rayar a otros, y se mide en una escala arbitraria llamada de
Mohs, por el mineralogista alemán que la inventó.
La escala de Mohs va del 1 al 10; el valor máximo de 10 corresponde
al diamante, que no puede ser rayado por ningún otro material
de origen natural, mientras que el uno corresponde al talco. La
palabra diamante hace honor a esta característica pues proviene
del griego adamantos, que significa invencible. Sin embargo, los
preciadísimos diamantes no son más que átomos
de carbono que forman una estructura tetraédrica: a cada
átomo se unen otros cuatro átomos y el resultado es
una red tridimensional extraordinariamente rígida, la cual
da al diamante su dureza.
Cuando los átomos de carbono se acomodan en este arreglo
cristalino, es el elemento puro más caro que existe, debido
principalmente a su belleza. Sin embargo, su precio no está
sujeto a controles internacionales (lo que sí ocurre con
el oro), ya que éste puede variar enormemente de un diamante
a otro del mismo peso (un "quilate" equivale a 0.2 g).
Son muy importantes su brillo y su color, determinados por las pequeñas
cantidades de impurezas que contenga. Por otro lado, el precio de
un diamante no es proporcional a su masa, ya que mientras uno pequeño,
digamos de 1/4 de quilate, como el de un anillo de compromiso, cuesta
unos cuantos cientos de dólares, en 1995, la famosa casa
de subastas Sotheby's vendió un diamante de 100.1 quilates
por 16 548 750 dólares, el mayor precio pagado hasta la fecha
por una gema de esta clase. Si bien sólo una fracción
de todos los diamantes tienen calidad de gemas, los restantes se
valoran por sus aplicaciones industriales y tecnológicas,
relacionadas generalmente con su dureza y resistencia.
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En
el
diamante, cada átomo está unido a otros cuatro
átomos equivalentes. Cada uno de estos cuatro átomos
se ubica en los vértices de un tetraedro, y la red se
extiende en tres dimensiones brindándole al material una
dureza casi insuperable.
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En
el grafito, los átomos forman planchas que pueden
deslizarse entre sí, lo cual permite entre otras cosas
que podamos escribir con un lápiz. En cada lámina
los átomos forman hexágonos fusionados, como
en un panal de abejas. |
Negro,
opaco y blando
Si en lugar de estar acomodados tetraédricamente, los
átomos de carbono se disponen en el espacio de manera
diferente unos con respecto a otros, este material pierde
toda su fuerza y belleza. El grafito es otra forma cristalina
del carbono, en la que los átomos se encuentran en
los vértices de hexágonos que tapizan un plano,
de modo que cada átomo se encuentra unido a otros tres,
como si fuera un piso formado de azulejos hexagonales; paralelo
a cada plano de hexágonos, se encuentra otro idéntico.
La distancia entre planos de hexágonos es grande, más
del doble de la distancia entre dos átomos de carbono
vecinos en un hexágono. Así, las interacciones
entre planos adyacentes de átomos de carbono son muy
débiles, por lo que se dice que la estructura del grafito
es bidimensional.
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