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Ramón
Cordero G.
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Ojo
por ojo y diente por diente. Máxima terrible que en teoría
condena a quien antes infligió daño, pero que finalmente
condena también al ejecutor de la venganza.
¿Perdón
para quien en el transcurso de una guerra civil fue torturador,
verdugo y asesino? Complicado dilema ético. Castigo sí,
pero... ¿venganza también? ¿Continuar una
guerra, pero en plano personal? ¿Dar de regreso los golpes
revanchistas cuando se ha pactado el final?
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Ojo por ojo,
diente por diente. Turnos interminables, agravio perpetuo hasta
que alguien decida parar. Cadena infinita que sólo se
fractura cuando alguien decide que ya basta, que ha sido suficiente.
Alessandro Baricco,
ese de los relatos cálidos, de la palabra suave, de la
lectura apacible, ahora nos sorprende con un relato duro, frío,
sobrecogedor y apasionante: Sin sangre.
Breve novela,
historia mínima contada en dos tiempos; pero para ser
leída en uno solo, de un hilo. ¿Ubicada en dónde?
Es lo de menos, en cualquier país donde el fratricidio
ha encontrado tierra fértil y la violencia se perpetúa
a través del escarmiento del contrario.
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Baricco
propone inicialmente el andamiaje mínimo. Un asesinato
premeditado. De hecho, la ejecución de un buen padre
de familia como puede ser cualquiera. En apariencia una persona
común que se encuentra preocupada por la seguridad de
los hijos. Un error de cálculo de los sicarios hace que
el hijo del hombre aquel se convierta en segunda víctima.
La hija salva la vida de la manera más improbable, tan
sólo para ser el temido testigo cuya sombra acompañará
amenazante por siempre a los asesinos. ¿Víctima el padre
normal? Sí, víctima ahora; pero antes victimario.
La maquinaria de la violencia y la impunidad, de tiempo atrás
viene funcionando.
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Qué
hace que individuos como los que vemos cada día en el transporte
público, en la calle, en el cine o en la iglesia, puedan
en algún momento ejercer la violencia sin límite?
¿Qué nos transforma en sanguinarias bestias? ¿Cómo
es que se opera esa metamorfosis reversible, que eventualmente
nos devuelve a nuestra condición humana y humanitaria inicial?
En la segunda
parte, el escritor italiano trae a primer plano a Nina, la pequeña;
pero varias décadas después. A ella corresponde
optar por la manera en que quiere vivir el resto de la vida, con
o sin sangre.
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