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Con la misma delicadeza de la seda,
los personajes secundarios tienen la fuerza del hilo delgado, y son capaces
-como caprichoso titiritero que poco aparece en el escenario- de alterar
destinos. Tal es el caso de la esposa de Joncour, del patrón, e
incluso de la matrona japonesa inmigrada años atrás y que,
aún regenteando una casa de citas, establece una complicidad femenina
que no tiene otro objetivo que "salvar" un matrimonio convencional.
Hay escritores que con la aparición de recursos tecnológicos como los simuladores, los discos compactos, la interactividad y otros, han intentado dotar a la letra impresa con elementos que, desde su punto de vista, enriquecerían sensorialmente un texto. Paupérrima valoración del propio trabajo, si quien escribe considera que requiere de prótesis multimedia y ortopedia digital como soporte literario. Caso diametralmente opuesto es el Alessandro
Baricco, quien a través de su escritura seduce y estimula los sentidos.
Para ello se vale tan sólo de palabras. Es curiosa e intrigante
la manera en que ha logrado, en Océano Mar por ejemplo,
hacernos percibir el salino aroma de la brisa mientras leemos, o casi
hacernos sentir los residuos de arena que, aun sin haber estado nunca
en la playa, han quedado al margen de las hojas. En su libro Seda, sucede algo similar.
Más que texto, es textura. Suave, etéreo, volátil
y ligero: justo como la seda. Leyendo tocamos, leyendo somos tocados.
Ficha bibliográfica: |
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