Ramón Cordero G.

Podría cambiar sustancialmente el contenido de todos los programas de la educación primaria y secundaria en un tiempo récord, al menos eso es lo que recomiendan los especialistas en educación.

Aún cuando todo el sector magisterial e incluso las políticas educativas vanguardistas han hecho suyos los nuevos paradigmas educativos que se sustentan en la comprensión y la construcción del conocimiento, persisten contenidos que por sus características deben echar mano de los recursos memorísticos de nuestros estudiantes.

Fechas, lugares, operaciones aritméticas mecánicas, teoremas, nombres y clasificaciones, impregnan los programas de las diversas materias. Cimientos básicos para abordar los nuevos conocimientos que requieren de mayores niveles de comprensión, abstracción o correlación, que serían imposibles de trabajar sin esos elementos primarios que deben ser fijados y automatizados cual impronta primigenia.

El “mal menor de cierto uso de la memoria”, a decir de quienes vemos en el constructivismo una vertiente educativa digna de tomarse en cuenta. Sin embargo, la investigación reciente pone en entredicho esa supuesta inocuidad del ejercicio memorístico.

La línea de investigación educativa surge a partir de estudios epidemiológicos, en los que se pretendía encontrar elementos comunes que compartían adultos sanos y normales con pérdida progresiva de memoria sin causa aparente.