La
electrónica puede tener lugar en la cocina, tal como lo veremos
ahora con entretenidos experimentos con tomates, limones, manzanas
y patatas. La parte fundamental de cualquier aparato electrónico
es aquella que le da vida: la fuente eléctrica. Muchos frutos
contienen en su jugo substancias ligeramente ácidas. Gracias
a esto es posible convertirlos con facilidad en celdas galvánicas
y utilizarlos en algunos experimentos.
Para confeccionar de ellos una fuente de poder, es suficiente poner
en un tomate, un limón, una lima, una toronja o una manzana
dos electrodos de metal. Una tira de cobre de unos 5 centímetros
de largo y 6-8 milímetros de ancho, será el polo positivo
o ánodo y una tira de zinc o aluminio, de iguales dimensiones,
el cátodo, es decir el polo negativo. Cada placa estará
limpia de toda clase de pintura, óxido o barniz, para lo cual
se frota con lija o con fibra de acero.