(Guardarla
sin uso es la peor opción. Los equipos de cómputo se hacen obsoletos
muy rápidamente, por lo que el uso intenso es la única manera
de recuperar lo que se invirtió en ellos. Por otro lado, el polvo,
la humedad y el calor también deterioran las máquinas, aunque
nadie les meta mano. Siempre será preferible sacarles provecho,
aunque lleguen a descomponerse, que conservarlas como piezas de
museo. Una computadora inmaculada pero sin utilidad es un estorbo.
Decidir dónde ponerla, quién puede usarla y cómo emplearla, debe
ser el producto de una detección de necesidades. Eso es algo que
puede hacerse colectivamente.)