Dos países: España y Portugal ¿Hermanos en la desgracia? ¿Aliados naturales? ¿Una península? ¿Una isla flotante y caprichosamente navegadora? ¿Metáfora de países incapaces de dirigir su destino? ¿Matrimonio forzado o de conveniencia?


En La balsa de piedra la península-isla viaja, pero fuerza también el viaje interior de sus habitantes. Éxodo hacia tierra adentro para aquellos que temen el choque con las Azores, pero particularmente, peregrinaje de iniciación para los protagonistas. Dos mujeres, tres hombres, un perro.

Por supuesto, habrán de ver dónde termina ahora el mundo, pero también dónde se inicia. No son más Europa, pero tampoco serán nunca más peninsulares.
Sí, viaje interior en el que habrá que aprender de las nuevas formas de relación, de la compasión, de la dicha de encontrarse a pesar de cualquier probabilidad en contra, de lo que para otros somos —aún a pesar de nosotros mismos— y de lo que los otros son para nosotros. 
 Malvado Saramago, a algunos nos adosa un libro que puede hacerse entrañable. ¿De qué se trata? ¿De hacernos más complicado el juego aquel de escoger 10 libros para permanecer el resto de la vida en una isla deshabitada? ¿Bitácora de viaje para un periplo personal?

 Ficha bibliográfica:

Saramago, José: La balsa de piedra. Madrid, Punto de lectura, 2001.


Diseño gráfico: Nora Espino

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