La autoría del condón aún está en disputa. El vocablo se le atribuye al afamado, y posiblemente apócrifo, doctor Condom, quien lo fabricaría para el monarca inglés Carlos II. Sin embargo, el término pudiera derivarse de los vocablos latinos condus (recipiente) y condere (esconder, proteger).

La imagen más antigua de lo más parecido a un preservativo aparece en algunos murales egipcios, cuyas figuras masculinas portan en sus miembros una especie de envoltura, aunque el propósito no es claro. La referencia escrita más añeja se remite al siglo XVI. En su tratado sobre la sífilis De morbo gallico (1560), Gabriello Fallopio, anatomista italiano, recomienda utilizar una funda de fino lino bañada en una infusión de hierbas astringentes para evitar el contagio de la entonces incurable enfermedad.

Lo cierto es que los vestigios de condones fabricados con tejido animal se remontan al siglo XVII. Y ya para el XVIII, los grabados y dibujos de la época informan que la fabricación de condones de intestino de carnero era moneda corriente.

La vulcanización decimonónica del caucho y la posterior aparición de la goma de látex, vinieron a revolucionar los condones de tripa. Desde los años treinta de este siglo se fabrican con hule de látex los controvertidos artefactos, y desde entonces su presentación se ha diversificado en una explosión de colores, olores y sabores.

 

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