Jesús Herrera

 

Hasta la fecha, desconocemos gran parte de la música que se tocaba en los territorios del actual México a finales de la colonia y a principios del periodo independiente, época que corresponde a la del clasicismo europeo. De los tres compositores más representativos del clasicismo —Haydn, Mozart y Beethoven—, Joseph Haydn fue el más famoso en la Nueva España.

Joseph Haydn (1732-1809)
Joseph Haydn (1732-1809)

Algunos investigadores buscaron en México música de este periodo, pero no tuvieron mucho éxito. Casi no encontraron “sonatas clásicas”, que son piezas instrumentales cuya presencia es característica esencial del clasicismo. Por la falta de hallazgos, algunas de estas personas pensaron que, por aquellos años, la música en México pasaba por un mal momento. Y también creyeron que el clasicismo no había gustado en estas tierras.

Pero otros investigadores han comenzado a descubrir que la música del clasicismo en México sí tuvo gran importancia. Por ejemplo, se encontró el inventario de partituras de una librería mexicana, que data de 1801. Con sólo hojear este documento, podemos darnos una idea de la gran cantidad de obras clásicas —de autores tanto europeos como mexicanos— que gustaban al público de esta región de la Nueva España a finales de la colonia.

Ya se han localizado, estudiado y hasta grabado algunas obras clave de la música de aquella época en los territorios del actual México, como la Obertura o Sinfonía del español Antonio Sarrier, partitura que llegó a Morelia en 1770, y las Últimas variaciones del mexicano Mariano Elízaga, compuestas alrededor de 1830. Estas fechas representan simbólicamente el principio y el final del clasicismo en México. Sin embargo, de la gran cantidad de piezas en boga durante este tiempo conocemos sólo unas cuantas.

La labor de los investigadores de este periodo de la música mexicana es, en primer lugar, buscar las partituras de la época. Algunas de estas obras quizás se han perdido irremisiblemente. Otras se encuentran incompletas. Pero hay algunas —esperemos que muchas— que sí se pueden rescatar y que, luego de dedicarles algo de estudio, podrán ser tocadas y así las podremos disfrutar.

 
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