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Por
unos cuantos millones de dólares Aunque oficialmente el Canal se inauguró en 1920, el primer buque que atravesó el continente americano de un océano a otro lo hizo el 15 de agosto de 1914. Fue el Ancon, que salió de la Bahía Limón, en el Atlántico, y 10 horas más tarde llegó a la Bahía de Panamá, en el Pacífico. A partir de entonces han navegado por el canal más de medio millón de embarcaciones. Desde el punto de vista técnico, ésta es una magnífica obra de ingeniería y uno de los mayores logros humanos. Del Atlántico al Pacífico mide 80 kilómetros de largo; tiene una profundidad de 12.8 metros en el Atlántico y de 13.7 metros en el Pacífico; el ancho es de 91 a 300 metros. Posee dos puertos terminales, uno en cada océano; tres juegos de esclusas gemelas, Miraflores, Gatún y Pedro Miguel, y uno de los mayores lagos artificiales del mundo, el Gatún, que cubre 425 kilómetros cuadrados y se formó por una represa de tierra construida a través del cauce del río Chagres. Ahí se encuentra también el Puente de las Américas, estructura que se extiende sobre la Bahía de Panamá, en la entrada del océano Pacífico; se eleva 118 metros sobre el nivel del mar y mide 1,669.2 metros de largo. Es un puente volado, de los llamados de arco de amarre o tramo suspendido, que se inauguró el 12 de octubre de 1962, día de la Hispanidad. |
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De base militar a centro del saber Desde su concepción, el canal ha sido una zona políticamente conflictiva. Estados Unidos obtenía enormes ganancias por los derechos de paso del canal y pagaba muy poco a Panamá. Además, durante todos los años que duró la ocupación estadounidense, en esa zona se albergaron bases de su ejército. Pese a que en 1936 se firmó otro tratado, el Arias-Roosevelt, con el cual se lograron algunos avances a favor de Panamá, siguieron en pie aspectos como la perpetuidad y la presencia estadounidense, que se acentuó aún más al estallar la Segunda Guerra Mundial. Las continuas movilizaciones nacionalistas y de rechazo lograron que, en 1960, se reconociera formalmente la soberanía panameña sobre la zona del canal y se aceptara que las banderas de ambos países ondearan juntas. Pero los conflictos aumentaron; hubo momentos críticos, como lo ocurrido en 1964, cuando un grupo de guardias estadounidenses disparó contra estudiantes panameños que trataron de entrar por la fuerza a la zona del canal o, años después, cuando un periodista exiliado se inmoló, quemándose en Estocolmo, como señal de protesta contra la ocupación estadounidense. Las presiones aumentaron y, en 1977, Estados Unidos firmó el Tratado Torrijos-Carter, mediante el cual se comprometía a entregar todas las instalaciones y propiedades del canal a los panameños en unas décadas, exactamente el 31 de diciembre de 1999. La ceremonia protocolaria de transferencia del canal se llevó a cabo unos días antes, el 14 de diciembre de 1999 -en la explanada ubicada frente a las esclusas de Miraflores- con la presencia de jefes de estado y representantes de diferentes gobiernos. Inmediatamente comenzaron a desmantelarse las instalaciones y bases militares ubicadas dentro de las 147 hectáreas que ocupaban los estadounidenses y se integró una Junta Asesora de la Autoridad del Canal, con representantes de las principales empresas usuarias de esta vía interoceánica.
Hoy, en manos panameñas, se llevan a cabo varios proyectos destinados
al mejoramiento y modernización de los servicios que ofrece el
Canal de Panamá; entre ellos, la ampliación del Paso o Corte
Culebra, de 152 metros a 192 metros en las rectas y hasta 222 metros en
las curvas para mediados de 2002; la modernización de los controles
de las esclusas; la rehabilitación de los rieles de remolques,
así como la actualización de los sistemas de información.
También se realizan importantes estudios ambientales centrados
en las características de la cuenca hidrológica del canal,
patrocinados entre otros por la Universidad de Panamá y el Instituto
Smithsoniano de Investigaciones Tropicales, cuyas instalaciones
se ubican en la Isla de Barro Colorado, dentro del Lago Gatún.
De todos los proyectos recientes con los que cuenta el Canal de Panamá,
ninguno parece tan interesante como La ciudad del saber, ubicada a cinco
kilómetros de la ciudad de Panamá, frente a las esclusas
de Miraflores, dentro de la antigua base militar estadounidense de Clayton.
En ella hoy convergen instituciones académicas y de investigación,
un parque tecnológico y centros culturales. Además, abarca
un área de 20 hectáreas destinada a un Tecnoparque Internacional,
creado para fomentar la relación entre organismos de investigación
y desarrollo tecnológico e incrementar la competitividad de los
programas y empresas involucrados. Hasta ahora se han planteado proyectos
relacionados con diversas áreas; entre ellas, biodiversidad, acuicultura,
recursos marinos, medicina tropical, teledetección, procesamiento
de datos, multimedia, restauración del patrimonio histórico,
industria marítima y aspectos financieros.
Éste es el nuevo Canal de Panamá, monumental obra de ingeniería, sobre la cual circulan un promedio anual de 10,000 embarcaciones, y que hoy está destinada no sólo a la comunicación interoceánica, también al desarrollo de la ciencia y la tecnología. |
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Las esclusas En el proyecto original del Canal de Panamá se planeó la construcción de un juego de esclusas de tres niveles o cámaras en Gatún; uno de un nivel en la zona de Pedro Miguel y otro de dos niveles en el área de Cerro Sosa. A fines de 1907 éste último se cambió de lugar a Miraflores, sitio que ofrecía mayor estabilidad y donde se construyeron finalmente dos niveles o cámaras. Todas las cámaras de las esclusas se construyeron en pares; se hicieron de concreto (combinación de arena, grava y cemento), llevado a Panamá desde Nueva York. Primero se terminaron las esclusas del lado del Atlántico; luego, las de Pedro Miguel y, en mayo de 1913, las de Miraflores.
Además de generar energía eléctrica para operar los
motores eléctricos que abren y cierran las compuertas y las válvulas
de las esclusas, el agua eleva los barcos 26 metros sobre el nivel del
mar hasta la superficie del lago Gatún, los transporta a través
de la Cordillera Continental y los vuelve a bajar al nivel del mar en el
océano opuesto. Y todo esto se realiza sólo por fuerza de
gravedad, sin bombas. El agua entra y sale através de túneles
gigantes o alcantarillas y de múltiples aberturas que regulan su
fuerza y corren a lo largo de los muros de las esclusas. También,
para regular el paso del agua, las esclusas poseen en enormes compuertas (de
19 metros de ancho por dos metros de grosor y de 14 a 25 metros de altura),
movidas por motores eléctricos. Todo el sistema opera desde una caseta,
donde se controla el paso de los buques de un océano a otro.
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