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Esclusas de Miraflores
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Abrir
un paso entre los océanos Atlántico y Pacífico
fue una empresa legendaria que comenzó a plantearse
poco tiempo después de la llegada de los europeos a
América y que trataron de asumir primero las principales
potencias del viejo continente y más tarde los Estados
Unidos.
Desde 1501, año en que Rodrigo de Bastidas -acompañado,
por cierto, por el descubridor del océano Pacífico,
Vasco Nuñez de Balboa, y el cartógrafo Juan
de la Cosa- llegó al Istmo de Panamá, esta región
fue objeto de innumerables planes y proyectos, concebidos tanto
por exploradores y gobernantes como por hombres de ciencia.
El objetivo de todos era encontrar una ruta para cruzar los
océanos más extensos de la Tierra, evitando la
larga y costosa travesía por el Cabo de Buena Esperanza,
ubicado al sur de África. Pero la historia del Canal
de Panamá empezó hasta 1821, al crearse el Departamento
del Istmo, una provincia perteneciente entonces a la República
de la Gran Colombia, conformada por territorios que hoy pertenecen
a Colombia, Venezuela y Ecuador.
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Abriéndose
camino
Después de innumerables propuestas (la mayor parte de las cuales
parecían absurdas e imposibles de realizar y que contemplaban
desde el Istmo de Tehuantepec, en México, hasta el de Darién,
también en Panamá), la interconexión de los mayores
océanos del planeta comenzó a ser una realidad a fines
del siglo XIX cuando, en 1878,el gobierno colombiano otorgó
a Francia autorización para empezar los trabajos de construcción
de un canal interoceánico en su territorio.
El gobierno francés
encargó el proyecto a un hombre que parecía el único
capaz de realizarlo, el reconocido constructor Ferdinand de Lesseps,
quien era considerado héroe nacional pues había dirigido
con éxito las obras que comunicaban el mar Mediterráneo,
el mar Rojo y el océano Índico: el famoso, y hasta entonces
único en su tipo, Canal de Suez.
De Lesseps formó la Compañía Universal del Canal
Interoceánico y dio inicio, en 1881, a esta obra monumental.
Contrató a miles de trabajadores provenientes de África,
China y Latinoamérica y comenzó la excavación
de las montañas. Después de intensas mediciones y cálculos,
constató que era necesario cortar decenas de kilómetros
de terreno extremadamente duro y lleno de obstáculos para abrirse
camino a través de montañas y de zonas pantanosas. Para
iniciar esta titánica tarea, obtuvo la concesión de
los terrenos que flanqueaban la zona del canal y adquirió el
ferrocarril ístmico, que operaba desde 1855 y fue en realidad
el primer medio de transporte que comunicó a los océanos
Atlántico y Pacífico.
Ante la continua contratación de empleados -muchos de los cuales
murieron debido a la fiebre amarilla, la disentería, otras
enfermedades tropicales y la insalubridad-, los enormes costos financieros
y los problemas técnicos, en 1885 la compañía
de De Lesseps se declaró en quiebra. Para intentar salvar la
empresa, el gobierno francés lo obligó a adoptar cambios
técnicos (como el sistema de esclusas) y le impuso la asesoría
del entonces conocido ingeniero Gustavo Eiffel, constructor de la
famosa torre que lleva su nombre. Pero en 1889, cuando ya se había
excavado la mayor parte del llamado Paso de la Culebra (o Corte Gaillard,
en honor al ingeniero francés David Dubose Gaillard, quien dirigió
las obras en ese sector), la compañía quebró
en forma definitiva.
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De
Lesseps
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