La
palabra "renacimiento" indica volver a nacer y con este sentido se nombró
a un periodo histórico que, hacia el siglo XIV en Italia, se distinguió
por un renacimiento del espíritu de la antigüedad grecolatina. Los renacentistas
se volvieron hacia el mundo antiguo en busca de conocimientos sobre
derecho, política, ciencia, arte e incluso de guía moral. A los artistas
y eruditos que se interesaron por revalorar la cultura clásica grecorromana
se les llamó humanistas y su influencia se extendió a toda Europa, por
medio de las universidades, los libros
impresos
(en latín clásico) y la fama que lograron su obras artísticas.
El humanismo renacentista, como el clásico, situó
en el centro del universo al ser humano. La racionalidad fue, de nuevo,
el más valioso de los dones, de ahí que el conocimiento científico del
mundo se convirtiera en uno de los ejes de la cultura de esta época.
La observación cuidadosa de los fenómenos naturales y el espíritu de
libre investigación se reflejaron en todas las expresiones culturales.
La
ciencia
y el arte se hermanaron: los arquitectos fueron matemáticos, los escultores
estudiaron el cuerpo humano, los pintores el espacio geométrico y los
músicos la acústica.
El arte renacentista nació en Florencia y allí se desarrolló
en gran parte, además de Roma y Venecia. Recibió el impulso de tres generaciones
de artistas: la primera, a principios del siglo XIV, estuvo dominada por
Giotto. En la segunda , a principios del siglo XV, destacan el pintor
Masaccio y el escultor Donatello. La tercera, a finales del siglo XV y
el comienzo del XVI, alcanzaron la fama Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel
Angel.
Roma, con sus monumentos y vestigios del antiguo imperio,
fue la primera en atraer la atención de los humanistas. Una serie de
hallazgos arqueológicos hicieron de esta ciudad-museo un lugar obligado
de peregrinación. Uno de estos descubrimientos fue la estatua del
Laocoonte, del helenismo. Otro fue el
llamado Torso del Belvedere que influyó profundamente en el ideal
de
belleza
física de Miguel Angel. Sin embargo estas obras antiguas no se imitaron,
se tomaron como punto de partida de una visión del mundo moderna, en
donde encontramos el individualismo, naturalismo, cientificismo, universalismo
y la exploración geográfica.
Como en los cánones clásicos, las figuras heróicas
del arte del pleno Renacimiento son la traducción a lo visual de un
idealismo
humano
y social. En la escultura y la pintura, la belleza física y la fuerza
muscular se convierten en la plena expresión de la Belleza y la Fuerza
espiritual. La aspiración de la perfección y la armonía en la forma
guía a los artistas renacentistas. Para lograrlo se elaboraron manuales
de composición, dibujo, proporciones, construcción arquitectónica y
se dejó un testimonio escrito de la personalidad y la obra de los artistas
que entonces se consideraron "geniales" y dignos de seguir.
La reinterpretación del mundo clásico del Renacimiento
va a encontrar su continuidad en otros estilos artísticos que le siguieron
en el tiempo, como son: manierismo, barroco, rococó y el neoclasicismo
en Francia.