El "Siglo
de las luces" iluminó a Francia, y al mundo entero, con el espíritu de
la Ilustración. La investigación científica de la naturaleza y el hombre,
la creencia en el progreso, el enciclopedismo, la fé en la inteligencia
humana y el afán universalista se expresaron en el arte a través de las
formas del mundo clásico. El estilo neoclásico, nacido en Francia a mediados
del siglo XVIII, fue el camino que transitaron los artistas que tenían
como meta la Belleza, como equivalente de perfección y racionalidad.
El deseo de fidelidad con los modelos antiguos se
vió alentado por los
descubrimientos
arqueológicos que a mediados del siglo XVIII asombraron a Europa. Las
exploraciones de las ruinas de Herculano y Pompeya marcaron un punto
culminante en el ascenso de la admiración ilimitada por el arte y formas
de vida de la antigüedad clásica. Juan Joaquín Winckelmann, el profeta
del neoclasicismo en el arte, instituyó que el camino más directo para
alcanzar la belleza (visual y espiritual) era la imitación de la antigüedad.
Además, en esta época se inauguraron varios museos y galerías que exhibían
obras del pasado clásico.
El neoclasicismo, asimismo, expresó un ideal político.
La antigua república romana fue el referente obligado de los revolucionarios
franceses y el emblema del imperio napoleónico. Los modelos preferidos
del emperador Bonaparte
-quien
fue coronado con laurel, símbolo antiguo de la fama inmortal- fueron
Alejandro Magno y Julio César y los batallones franceses usaron como
insignia las águilas de las antiguas legiones romanas.
Así, la expresión neoclásica se volvió el estilo de
arte oficialmente aprobado, pero sobre todo tuvo una amplia aceptación
de una clase media que adquiría cuadros, que construía y vivía en los
edificios de formas clásicas. Este estilo se institucionalizó a través
de las academias de arte, que fundaron sus programas en la aspiración
de una pureza formal que se obtenía a través de la copia intensiva de
yesos de esculturas de la antigüedad clásica.
La pintura neoclásica tuvo a su máximo exponente en
Jacques Louis David y en la escultura se le reconoce esta distinción
a Antonio Canova.
