
En el año
336 a. de N. E. murió el rey de Macedonia Filipo II. Su hijo Alejandro,
con tan sólo 20 años de edad, tomó las riendas del sólido imperio que
su padre le legó y lo hizo crecer y crecer. Su dominio se extendió de
la península Balcánica a Egipto, sobre el imperio Persa y hasta las
márgenes del río Indo. Tantas fueron sus victorias que este joven gobernante
fue calificado de Magno.
Alejandro
Magno tuvo una profunda admiración por la cultura griega. Su preceptor
de la infancia fue nada menos que el filósofo Aristóteles, quien le
enseñó el amor al arte y la poesía griegos y su libro favorito era la
Ilíada, porque se veía a sí mismo como un segundo Aquiles. Entre
sus consejeros se contaban geógrafos, botánicos, un mineralogista y
un meteorólogo. A su paso por los distintos pueblos que integraron su
imperio, permitió, hasta cierto punto, religiones y costumbres locales
pero introdujo también una cultura helenística que trascendió la muerte
del conquistador, en donde elementos culturales griegos se fundieron
con elementos persas y de otras culturas antiguas, como Egipto, Mesopotamia
e India. 
El arte griego en el periodo helenístico cambió de
acuerdo con la sociedad que lo produjo. La serenidad de la escultura
clásica dio lugar a una exploración de las emociones humanas y un mayor
conocimiento de la anatomía. El arte helenístico, en comparación con
el griego clásico, dió la impresión de discordia y no de armonía, de
angustia en vez de tranquilidad, de emoción en lugar de racionalidad.
Estos contrastes se han atribuído a que el pensamiento helenístico privilegió
la creencia
de
que cada hombre tiene sus propios sentimientos, ideas y opiniones, totalmente
distintos de los de los demás. En vez de buscar un justo medio, los
filósofos helenistas buscaban las causas profundas del conflicto interior
de los hombres.
El sentimentalismo y el melodrama que se expresaron
en el arte helenísitico fue despreciado por estudiosos del arte de épocas
posteriores que preferían la serenidad y el equilibrio de los griegos.
Sin embargo, ahora podemos valorar este periodo artístico en su justa
dimensión y apreciar los logros expresivos de sus manifestaciones culturales.