El juramento de los Horacios, Jacques Louis David, 1784, óleo sobre tela, Museo del Louvre, París.

El entusiasmo por la antigüedad hizo que, en sus primeras obras, David utilizara bustos de la antigua Roma en vez de modelos vivos. Sin embargo, esta actitud nunca lo alejó de la realidad, por el contrario. Burgués por nacimiento y crianza, la pintura de David siempre tuvo un mensaje a manera de manifiesto dirigido hacia la acción política y social revolucionaria. En El juramento de los Horacios, el artista aprovecha la historia de tres hermanos que juran defender la República Romana para exaltar los ideales de deber patriótico que inspiraban a los revolucionarios del siglo XVIII. La obra de este pintor sentó las bases del arte oficial que perdurarían en el resto del siglo XIX.

La bañista de Valpincon, Jean Auguste Dominique Ingres, 1808, óleo sobre tela, Museo de Louvre, París, Francia.

Este cuadro, pintado a principios del siglo XIX, se conecta íntimamente con la trayectoria del neoclasicismo. Ingres fue discípulo de Jacques Louis David y admiraba enormemente al pintor renacentista Raphael, en quien se inspiró para la búsqueda de la perfección de la forma. La bañista de Ingres nos transmite la serena calma del desnudo de la tradición clásica a través de la suave línea del cuerpo. Además de la intención clasicista, el pintor incluye elementos "exóticos" (como el turbante) que le dan a la imagen un aire de Oriente.