Platón entendía la tékhne como una actividad deliberada y consciente del ser humano, muy distinta a la manera en que se comporta la Naturaleza, en donde los fenómenos simplemente suceden, sin una fuerza consciente que los guíe. Para el filósofo, el arte es mimesis, es decir una imitación, una copia de la Naturaleza. Pero para él las cosas tal como aparecen en la Naturaleza son tan sólo el reflejo de su verdadera identidad, que Platón propone como esencias universales o Ideas. Para el filósofo, las tres ideas principales eran la Verdad, la Bondad y la Belleza.

En la filosofía platónica, todas las cosas del mundo material han sido creadas a partir de esas ideas, que también pueden denominarse formas, moldes, arquetipos o paradigmas. Estas Ideas son entidades independientes de la mente humana y se localizan en un mundo inmaterial y trascendente, atemporal y eterno. Las ideas conforman la esencia de las cosas, pero no son parte de ellas, sino que son sus modelos. Es decir, existen fuera de la realidad visible, en un mundo distinto del humano que Platón ubicó en el Topos Uranus (reino celeste). Los objetos físicos, como una obra de arte, constituían, según el esquema platónico, una imitación o mimesis de la idea de Belleza. Así, ver un objeto bello era percibir un débil reflejo de la auténtica Belleza.

Para Platón el arte es una mimesis (imitación) que copia las cosas que, a su vez, son reflejo de las Ideas. Así, el arte imita el reflejo de la Idea. Una obra que representa la realidad está distanciada de la existencia real. Es tan sólo una mera evocación, una sombra. No hay realidad en una obra de arte. Así el artista es un ilusionista, cuyas creaciones son deshonestas porque crean la fantasía de que vemos algo real. Según Platón, sólo el filósofo, no el poeta ni el artista, puede interpretar las formas divinas a través de un proceso de razonamiento, que usa el método de preguntas y respuestas para acercarse a la Verdad.

Platón no ve ninguna relación entre el arte y la Belleza. Generalmente asocia esta idea con un joven amante (Platón era homosexual) al que le atribuye un parecido con los dioses, o en algún objeto (no una obra de arte) que despliegue armonía, simetría y medida, es decir un Orden.

 

 

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