En el año de 1965 se inició un conflicto laboral y social, un problema que era sencillo de resolverse; pero las autoridades de esa época no le dieron importancia. Esto ocurrió dentro de la escuela primaria Juan Álvarez, localizada en el municipio de Atoyac de Álvarez del estado de Guerrero.

La avaricia se apoderó de algunas personas y dio pie a una serie de cooperaciones: todo comenzó por pedir a cada alumno un peso al mes para el mantenimiento de la escuela. En su gran mayoría los padres de familia eran campesinos y por lo mismo de baja condición económica: tenían un mínimo de dos hijos inscritos.

La primera semana del mes se pasaba lista por grupo: al alumno que no había cooperado se le sacaba del plantel en una forma vergonzosa, hasta que trajera "su peso". Esto se hacía en complicidad de algunos "profesores" y sobre todo del presidente de la sociedad de padres de familia, que por lo regular era el cacique o rico del pueblo. La situación se tornó inaguantable: empezó la inconformidad no únicamente de los padres de familia, sino de los maestros que veían el monto bastante elevado y no se aplicaba en el mantenimiento del plantel. Además no se compraban los materiales, ya que a cada grupo le tocaba hacer alguna actividad para obtener recursos extras.

Cuando había desfiles o alguna otra actividad escolar "importante", se instruía a los alumnos: "díganle a sus padres que el uniforme se tiene que comprar exclusivamente en la casa "Velia" y los zapatos en la casa "Carmelita". Por lógica había un gran porcentaje para la dirección escolar, y si los directivos se daban cuenta de que no se habían adquirido en los lugares mencionados, sencillamente no participaban en los desfiles o -como se decía- "los mandaban a la cola".

Cuando la dirección del plantel sintió la primera presión de los padres de familia y de los profesores que les empezaron a llamar "profesores cívicos", entonces la "buena voluntad de la dirección" bajó la cuota a un peso por padre de familia. Luego comenzó la represión con los alumnos que eran hijos de padres inconformes, y se giraron instrucciones al docente de guardia: "Alumno que venga con huaraches los días lunes, no entra al homenaje: deben traer zapatos."

No podían faltar las diferentes represalias a los profesores que estaban en desacuerdo con la política económica del plantel: sorpresivamente les llegó su cambio de adscripción obligatorio, hecho que los enviaba a los planteles más alejados en el estado de Guerrero.

Las inconformidades no se hicieron esperar, los padres de familia apoyaron decididamente a los profesores y comenzaron las manifestaciones en la plaza cívica: para entonces ya se había pedido apoyo al profesor Lucio Cabañas Barrientos, quien estaba enterado de las injusticias que se generaban en el plantel. El orador en turno gritaba: "fuera la directora y su mafia", y así transcurrieron varios días hasta que llegó esa fatídica fecha: el 18 de mayo de 1965.

A las once treinta de la mañana llegó la policía motorizada, que se distinguían por su casco blanco. Lucio Cabañas decía: "ya llegaron esos de las bacinicas volteadas". El comandante cortó cartucho, se dirigió hacia donde estaba el orador y lo amagó con su rifle 30 M2: "Suelta ese micrófono o te mato." Le quiso arrebatar el micrófono, pero de entre la multitud surgió un defensor del pueblo y se enfrentó al comandante: en segundos cayó el policía apuñalado. Se inició la masacre con la predisposición de los motorizados, quienes le tiraban a todo lo que se movía; acribillando en una forma vil y cobarde a los campesinos padres de familia que se manifestaban pacíficamente. Un campesino se le enfrentó a un motorizado con un verduguillo y le gritó: "Hay que matarnos como los hombres", y el policía nomás no se le enfrentó; mientras un elemento gritaba "Retirada, retirada", pues ya habían cometido su infame fechoría.

Los campesinos asesinados fueron trasladados a sus hogares, el cielo se torno gris y se hizo un silencio sepulcral: únicamente se escuchaban los llantos de los familiares de las víctimas.

El gobierno buscó un chivo expiatorio y acusó a Lucio Cabañas de agitador, pues lo responsabilizó de la masacre; querían la cabeza de Lucio, pero éste se internó en la sierra haciendo guerra de guerrillas para luchar contra las injusticias.

Se inició la guerra sucia que concluyó con la muerte de Lucio Cabañas y la desaparición forzada de más de 500 campesinos.

Voy a cantar un corrido
que lo sepa el mundo entero
en la sierra de Atoyac
se está acabando el gobierno
tal vez tendrá su motivo
que no lo conoce el pueblo.

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