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Profr.
Enrique Galeana Laurel
En honor a la fábrica de hilados y tejidos “Progreso del Sur Ticui”
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Corría
el año mil novecientos; los lugareños del Cuajinicuil se asombraron al
ver a unas personas extrañas en sus tierras, uno de ellos tenía un
acento muy peculiar que al hablar los nativos se reían a carcajada
abierta, Delfino Castro le
decía a David Flores: -Compadre
escucha con atención como ese señor güero pronuncia la palabra
“quemazón”, como que se
le enreda la lengua. -Si…si, y dice algunas palabras que no le entiendo nadita, hay que investigar que quieren estos hombres aquí, aunque creo que vienen a hacer buenas cosas, se ve que traen buenas intenciones, pero por si la moscas aquí traigo “mi verduguillo curado con aceite de escorpión”. |
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Delfino
soltó la carcajada, -a que mi compadre, usted siempre con su “guaca”.
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Los
extraños se dirigieron directamente a Delfino y a David:
-Buenos
días señores. – Buenos días, -buscamos
a los hermanos Cabañas y Radilla, porque tenemos conocimiento que son
dueños de estos predios.
En
esos momentos se acercó Enedino Ríos, quién era un líder natural de ese
lugar:
-Que
se les ofrece, porque yo soy el
representante de esta comunidad y me toca velar por los intereses de todos los
comuneros que habitan aquí.
El
español Marcelino
Alcorta con
una mirada
irónica y con aires de
conquistador, les dijo:
-Ustedes saben que tengo “sangre azul” y mis paisanos los españoles me han encomendado buscar un terreno que tenga algunas características específicas, sobre todo que tenga mucha agua.
Enedino
regresó a ver a Delfino y a David:
-¿Oyeron
eso de la sangre azul?, se intercambiaron la mirada y emitieron una risita
burlona.
-Sí
señores, como les comentaba, la empresa Alzuyeta
Quiroz Fernández y Compañía, Sociedad Anónima, tiene interés en
construir aquí en estos terrenos una fábrica de hilados y tejidos, que por
supuesto habrá trabajo para toda la gente de la región, ¿y cómo dicen que se
llama aquí?
Lorenzo
intervino y dijo:
-Bueno,
éste paraje se fundó allá por al año de 1850 y le decían “EL Cuajinicuil”, pero ahora se llama “El Ticuí”. El español seguía con la plática:
-Entonces,
usted Enedino avísele a los lugareños que es lo que vamos a hacer, porque en
El Ticuí como le dicen ustedes, va a ver progreso, por lo pronto, esas personas
que viven en el lugar dónde se va a construir, se tendrán que pasar al
“Barrio del Alto”; algunos lugareños opusieron resistencia donde salió
a relucir el machete de Nicanor Fierro, aún así tuvieron que desalojar
el predio.
Antes
de 1904, “el gachupín”, realizó una reunión con todos los moradores y les
dijo:
-Ustedes
van a trabajar en la fábrica, pero ésta debe tener materia prima o sea
“algodón” para hacer las telas y a cada uno de ustedes les voy a entregar
las semillas para que las siembren y vendan el producto aquí mismo.
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Y
así llegó aquel 20 de agosto de 1904 en que se inauguró la fábrica, se le
pidió la opinión a los habitantes para
que le pusieran un nombre, inteligentemente “los ticuiseños” al unísono
dijeron: FABRICA DE HILADOS Y TEJIDOS
“PROGRESO DEL SUR TICUI”.
Al
primer pitido que emitió el “chacuaco” los animales se asustaron, se
escuchaba el revolotear de los zanates, chicurros, luicillos, así como el
correr y retozar de mulas y burros.
Al
mismo tiempo, Enedino explicaba:
-Ese
pitido es para que los obreros identifiquen el término de cada turno.
Efectivamente la economía se vio beneficiada en parte, ya que las “rayas”,
no eran tan buenas, los obreros empezaron con los reclamos, Enedino entendía la
problemática y junto con Lorenzo Fierro se entrevistaron con
el “patrón” Norberto Mallina.
-Señor
Mallina: no es justo, “la paga” es poca y las jornadas son agotadoras, usted
bien sabe que la elaboración de telas estampadas es laboriosa, queremos un
aumento de salario, el español se le quedó viendo a Lorenzo, le dio una
bocanada a su puro y dijo:
-¡No
me alborotes a la gente lencho!, puedes tener problemas, además, en el contrato
dice todo lo referente a la jornada laboral y si tú no estás a gusto aquí en
la fábrica pues búscale por otro lado.
Lorenzo
un poco disgustado lo encaró:
-A
mi no me intimidas con sus gritos y no me amenaces, usted sabe, que lo que
queremos es un aumento de sueldo, y con relación al contrato no
entendemos lo que dice porque la mayoría no
sabemos leer ni escribir, únicamente le ponemos la huella y ya.
-Me estás dando la razón lencho, primero voy a buscar un espacio para
que ustedes y sus hijos aprendan a leer y a escribir, y con relación al aumento esperen “tantito” mientras vienen
los dueños de la compañía y voy a ver que puedo hacer.
Enedino
se quedó pensando “no es mala idea
fundar una escuela nocturna”, hoy mismo lo veré con David Flores Reynada.
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Pasó
mucho tiempo y en lo económico no hubo respuesta alguna. Por la explotación y
algunas otras anomalías que iban en perjuicio de la clase obrera, los líderes
acordaron hacer una solicitud al
Presidente de la República General Lázaro Cárdenas del Río, para que la fábrica
pasara a manos de los obreros y fuera administrada por una cooperativa. Lázaro
Cárdenas con esa visión social les
asignó la fábrica, además intervino consiguiéndoles un gran crédito del
Banco obrero.
A
partir de ese momento la producción aumentó y las “rayas” semanales fueron
mejorando, la economía familiar iba en boga, también se le hicieron mejoras al
poblado específicamente al jardín principal y para que el pueblo se beneficiará,
se construyó una escuela primaria, ya que los alumnos recibían clases en una
casa particular, también se organizaron para cuidar de su fuente de empleo, ya
que en varias ocasiones la fabrica fue atacada por los agraristas.
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Todo era bonanza, había dinero para gastar en la semana santa, la gente disfrutaba de las aguas cristalinas del canal y se iban a refrescar al salto artificial donde estaba la turbina principal, otros se iban a ver como la balsa transportaba el producto obtenido, otros más hacían la odisea para ir a ver la fabrica, tenían que cruzar el Río Atoyac, pero ahí estaba chalio Tabares con su “pango” para hacerlo, que con su conocimientos y destreza sabia maniobrarlos entre los tumbos y las corrientes del río. |
En
una reunión, don Elpidio Ríos y Leonides Hernández Pino, felicitaban a todos
los trabajadores por esa gran aptitud y empeño que tenían en su trabajo.
Don
Elpidio que era una persona muy estimada por sus compañeros hacia uso de la
palabra:
-Espero
que todo marche bien como hasta ahora, pero quiero recomendarles a Enedino Ríos
y a David Flores que anden con cuidado porque por allí se dice que el gobierno
los tilda de revoltosos.
Con
gran serenidad Enedino y David le dieron las gracias a don Elpidio, - no hay
problema, contestó Enedino, pero tomaremos en cuenta tus consejos. Al poco
tiempo David Flores Reynada es fusilado porque lo implicaron en un asesinato y
posteriormente en un accidente aéreo fallece el gerente Enedino Ríos.
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La
administración de la fábrica queda en manos de su hijo que debido a la falta
de experiencia y conocimiento se vino en decadencia, éste se la dio en concesión
a otro gachupín negrero, donde los obreros ya no tenían garantías de salarios
o prestaciones sociales, y de nueva cuenta se inicio con la explotación con el
consentimiento del H. Cuerpo Consultivo de la fabrica, el español los había
“sobornado”. Como buenos Guerrerenses y con ese espíritu de lucha que los
caracteriza los trabajadores se reorganizan y tramitan la cancelación del
contrato.
Una
vez más se anula el amañado convenio con el español Antonio Esparza y de
nueva cuenta la fábrica es administrada por la cooperativa, pero jamás
superaron la producción de la época de don Enedino Ríos, y a partir de ese
entonces la fábrica se dedicó única y exclusivamente a la
elaboración de la manta.
La
materia prima se fue haciendo escasa, en muchas ocasiones la fabrica trabajó un solo turno o bien paraban
labores por la falta de ella.
Se
dio inicio a la importaciones de otros estados de la materia prima los costos
aumentaron y definitivamente vino el caos y la fabrica cerró sus instalaciones.
Se hicieron algunos intentos pero todo fue imposible. Se inicio con el
desmantelamiento clandestino y venta de la maquinaria, la madera que fue traída
desde España también fue saqueada y en un santiamén la fábrica de hilados y
tejidos Progreso del Sur Ticuí quedo en ruinas.
El
esqueleto de la fabrica posa como un buen soldado y como que quiere decir: “mírenme
aún estoy de pie a pesar de los
embates de la naturaleza y del
hombre”, a lo lejos se ve el caminar de un viejecito que fue obrero, mira la
estructura, le da una bocanada a su tabaco, saca de entre su ropa un paliacate y
se seca las lagrimas, regresa a ver el cielo y dice:
| “Tiempos aquellos de progreso, de paz y tranquilidad” y siguió su camino rumbo al Barrio del Alto |
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Imágenes tomadas de http://cuaji.net/mexicodesconocido.html y http://web4.si.edu
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