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Por
lo general cuando hablamos de un grabado nos estamos refiriendo al grabado
en hueco sobre metal. La importancia que ha tenido esta técnica a lo largo
de los años eclipsa, tal vez, otras formas de trabajar el grabado a partir
de madera o linóleo.
El grabado en plancha metálica cuenta con una larga tradición y ha tenido
una evolución técnica muy compleja. Sin embargo, podemos distinguir dos
grandes variantes del grabado en hueco: Primero, la "punta seca" o "mezzotinta",
que es el grabado directo sobre la placa realizado con un instrumento
punzante, como el buril. Y el segundo, el grabado efectuado de forma indirecta,
donde el responsable del trazo final es la acción corrosiva de los ácidos
sobre la placa, a estas técnicas se les llama de varias maneras, entre
ellas: "aguafuerte", "aguatinta", "barniz blando", etc. El grabado "en
hueco" tiene este nombre porque sobre la placa de zinc o cobre se graba
(con un buril, un clavo afilado o gubias) el hueco de las líneas que serán
impresas en el papel. La placa de impresión se suele meter en líquidos
que contienen ácidos que corroen el material, excepto en los lugares que
previamente se cubrieron con barniz o resinas.
Después de la inmersión en el ácido, la placa se entinta. Una vez que
la tinta se incrusta en los surcos creados, se limpia el sobrante y se
imprime sobre un papel ligeramente humedecido para que absorba la tinta.
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