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La luz blanca o luz del sol es la fuente del color. Los colores del espectro
son los colores del arco iris o los obtenidos cuando pasa y se descompone,
a través de un prisma de cristal, un rayo de luz solar. Según Newton,
el espectro está formado por siete colores; Chevreul lo dejó definido
en seis; Ostwald lo aumentó a ocho y Munsell, el moderno físico norteamericano,
a diez. Para nuestros fines nos basaremos en la clasificación clásica
que adjudica al espectro seis colores:
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Rojo (R),
- Azul (Z) y
- Amarillo (A) como primarios,
y
- Naranja (N) - de rojos y amarillos-,
- Verde (V) - de azul y amarillo-,
y
- Violeta (T) - de azul y rojo - como
secundarios.
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Esta
clasificación es la adoptada en las artes gráficas. Todas las obras de
arte que vemos, están basados en los tres colores primarios:
Rojo, Azul y Amarillo.
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Por
la superposición de estos tres colores, aclarada por el blanco del papel
y obscurecida por la intervención del Negro, es posible reproducir casi
todo color a semejanza con los del cuadro original.
Si se organizan los colores primarios y secundarios en un circulo, tendremos
los seis colores principales. Mezclando dos colores primarios y secundarios
vecinos en el circulo se obtienen los colores intermedios, estos son:
- Amarillo-Verde (AV)
- Azul-Verde (ZV)
- Azul-Violeta (ZT)
- Rojo-Violeta (TR)
- Rojo-Naranja (RN)
- Amarillo-Naranja (AN)
A
su vez, si combinamos cada uno de los colores del circulo así obtenido
con su inmediato contiguo obtendremos una gama cromática cada vez más
amplia. (para ver una gama de nombres de colores comerciales pulse
aquí).
Los colores contiguos en ese circulo amplio son denominados análogos y
armónicos. Dos colores armonizan entre sí cuando uno de ellos contiene
al otro o ambos se contienen mutuamente.
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Los
colores del circulo podemos dividirlos, trazando una línea vertical sobre
su centro, en dos familias o grupos de cualidades diferentes.
A la izquierda de nuestra línea se encuentran los colores cálidos,
estimulantes, ruidosos, alegres y activos. A la derecha se encuentran
los colores fríos, tranquilos, quietos, tristes y apacibles.
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Los colores cálidos sobresalen o son salientes y aparecen más impactantes
a nuestro sentido de la percepción; los colores fríos son colores que
se integran o son entrantes, son colores que parecen más lejanos.
Por estas leyes cromáticas podemos anticipar que a un observador que se
encuentra frente a dos áreas iguales, una pintada de rojo y la otra de
azul, esta última le parecerá más pequeña. Los colores cálidos aumentan
el tamaño aparente de las cosas en tanto que, por oposición, los fríos
tienden a disminuirlo.
Así también, los colores cálidos tienden a unir y fundir en tanto que
los fríos lo hacen hacia la separación o desintegración. Entre la luz
y la sombra no solamente se contiene una oposición entre claro y oscuro,
también entre cálido y frío. Si las áreas iluminadas por la luz son frías,
las sombras que proyectan habrán de ser cálidas y viceversa.
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Otra
relación importante que se desprende de la gama cromática en circulo,
es que los colores que se encuentran directamente opuestos o más alejados,
es decir a ambos extremos del circulo, son llamados colores complementarios
y al ser mezclados entre sí estos se tornan grises o pardos o se neutralizan
mutuamente. Al mismo tiempo, a la vista, los mayores contrastes de color
se dan precisamente entre los colores llamados complementarios.
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Las
armonías de color suelen darse por la combinación de grupos de colores
de ambas familias, cálidos y fríos, equilibrados emotivamente; lo excitante
de los colores cálidos se compensa por el descanso y relajamiento producido
por los colores fríos. La Naturaleza nos ofrece una lección de variedad
y restricción, un formidable juego entre lo cálido y lo frío con una inmensa
gama de matices. Todo color depende de la influencia del color que le
rodea así como de los colores que le son yuxtapuestos: una flor varía
de matiz según la cualidad intensa u oscura de la luz que la rodea y la
ilumina, la luz cálida dará mayor brillantez a su color en tanto que la
fría tenderá a neutralizarlo. La pincelada de un color sobre un papel
o lienzo puede sentirse con mayor intensidad en potencia y brillo según
sean los colores que la rodeen; los grises y pardos neutros tienden a
aumentar la potencia de un color que les es adyacente. De esta manera,
podemos decir que la valoración de un color no puede definirse por su
propia intensidad, sino en relación a los valores de los colores que le
son próximos. Un cuadro muy recargado de colores vigorosos e intensos
no produce un efecto muy atractivo por la anulación a la vista que las
intensidades se causan entre sí. Unos pocos colores fuertes lucen a la
vista si se encuentran entre una gama de colores débiles o neutros y tranquilos.
El color tiene una positiva fuerza emocional y esta actúa como un factor
en las reacciones del espectador ya sea en forma natural o por la asociación
que se establece, por vía de un lenguaje de símbolos, asociándolos a la
vida cotidiana y emocional de los individuos. Así, el amarillo
suele representar al sol, la alegría y la luz; el rojo
es el calor, el fuego y la intensidad de la vida; el azul
es el reposo, la serenidad y tranquilidad; el verde
es quietud, frescura y esperanza; el púrpura
majestad, ornamento, dignidad y belleza; el naranja
participa de las cualidades del rojo y del amarillo, si bien con menor
intensidad o potencia en la sensación que estos producen, etc. 
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