En
el momento de la conquista española en América, el uso
del calendario era un rasgo común de las civilizaciones del área
cultural de Mesoamérica. Hay indicios de su existencia entre
los nahuas, otomíes, tarascos, huastecos, mayas y otros grupos
del sur. El calendario mesoamericano era a la vez uno y múltiple,
según las culturas que lo adoptaron. Éste se desarrolló
en estrecha vinculación con la invención de la escritura
y la práctica de erigir estelas, así como con el desarrollo
de un complejo sistema matemático de base vigesimal. Todos estos
logros, además de constituir conocimientos científicos,
expresaban necesidades sociales, económicas y políticas
de las civilizaciones prehispánicas de Mesoamérica.
Para
los antiguos pobladores de esta zona, el calendario era una guía
al pasado mítico y una ventana al futuro astrológico.
Ordenaba los rituales asociados a los ciclos del tiempo, las actividades
agrícolas o comerciales, los mercados y los reinados de los soberanos.
Dictaba los nombres de los pueblos y de la gente, divinizaba sus destinos
y provocaba o curaba enfermedades.
El
calendario mesoamericano más antiguo era el de 260 días
("calendario sagrado"), que marcaba el ciclo más elemental
y era el que más importancia tenía para la vida cotidiana.
Este calendario fue el que usaron todos los pueblos de la región
y se le considera uno de los elementos culturales que definen las fronteras
de Mesoamérica. Entre los mayas se llamó tzolkin,
entre los nahuas tonalpohualli y piye entre los zapotecos.
Además existían otros calendarios más complejos,
como veremos en los casos de las culturas maya y mexica.
El
calendario maya
A
lo largo de su historia, los mayas han tenido un conocimiento sumamente
sofisticado del cosmos y sus ciclos. El tiempo es importante por sus
significados simbólicos, religiosos y mágicos, y por ser
la clave del comportamiento de los dioses y del destino de los hombres.
El
tiempo, como el espacio, se define a partir del movimiento solar. La
unidad temporal básica es el día, y a partir de éste
se establecen todas las demás unidades temporales: la trecena
de 13 días, el mes de 20 días, el ciclo de la luna de
28 ó 29 días, el ciclo del tzolkin de 260 días,
el tun de 360 días, el haab de 365, los ciclos de Venus y de
los eclipses, el katún de 7,200 días (20 tunes), el baktún
de 144,000 días (20 katunes), el piktún de 2,880,000 días,
y así sucesivamente. De esta manera, el recorrido cotidiano del
Sol se inserta en ciclos más amplios, algunos relacionados con
él, otros con los demás astros y otros más inventados
por el hombre.
A
la fecha, el calendario más usado de los mayas es el tzolkin
y consiste en 20 días con sus diferentes nombres que se combinan
con 13 números. El total de posibles combinaciones de cada número
es 260 y entonces se regresa al punto de partida. A este primer ciclo
calendárico se añade el ciclo anual, o haab, de 365 días.
Éstos se dividen en 18 meses de 20 días (360 días)
y 5 días finales. Los meses del haab definen el calendario ritual
de los diferentes pueblos mayas de acuerdo al ciclo solar y estacional.
Los últimos cinco días del año, llamados uayeb,
quedaban fuera de la cuenta de los meses y eran considerados nefastos,
pero durante ellos se realizaba la fiesta para recibir el año
nuevo. La concepción maya del transcurso del tiempo marca turnos
en los cuales las diferentes deidades y los hombres toman la responsabilidad
de "cargarlos". El dios que carga un periodo temporal, que
puede durar un día o casi 400 años, rige el mundo durante
ese lapso y su influencia se siente en todos los aspectos de la vida.
En
el periodo clásico los mayas usaron un sistema de cronología
absoluta, llamada "cuenta larga", que registraba ciclos vigesimales
hacia el pasado, hasta la fecha inicial del 13 de agosto de 3,114 antes
de nuestra era, día en que sucedió la última creación
del mundo (como los demás pueblos mesoamericanos, los mayas creen
que el mundo y la humanidad han sido creados y destruidos varias veces).
Esta fecha permitía establecer una línea temporal absoluta
e irreversible. Cualquier fecha del presente, del pasado y del futuro,
sin importar cuán lejana, podía ser colocada en ella con
toda precisión y podía relacionarse con cualquier otra
fecha posterior o anterior.
La
"cuenta larga" consistía en cinco unidades progresivamente
mayores de tiempo. La primera, contando de derecha a izquierda, eran
los días, kin o Sol, que se contaban hasta 20. La segunda
eran los meses de 20 días, uinal, que se contaban hasta
18. Los 18 meses de 20 días integraban la siguiente unidad, el
tun, o piedra, de 360 días. Esta unidad era equivalente al
año solar, o haab; pero tenía cinco días
menos por la eliminación de los nefastos uayeb, o días
sobrantes, y porque era más fácil hacer cálculos
matemáticos a partir de una cifra redonda como 360 que a partir
de 365. Para contar fechas grandes, los mayas clásicos inventaron
un sistema matemático sin paralelos en Mesoamérica y en
el mundo entero de aquella época. El elemento fundamental era
el concepto de cero y de posición, utilizado también en
nuestro sistema de numeración, aunque ellos contaban con base
20 y no en base 10 como nosotros.
Existían
otros ciclos que se integraban a la "cuenta larga". Las fases
y posiciones de la Luna eran cuidadosamente registradas en tablas de
lunaciones y eclipses. También se prestaba gran atención
al complejo ciclo de Venus como estrella de la mañana y estrella
de la tarde, así como a los movimientos de Marte y probablemente
de Júpiter. Así un día cualquiera en el calendario
maya clásico pertenecía a 9 ciclos diferentes cuando menos
y éstos determinaban sus características y su destino.
Los ciclos se encimaban, coincidían y se desfasaban en una combinación
infinitamente compleja que significaba que mientras muchas características
se repetían, otras eran únicas en cada ocasión.
Un buen sacerdote y un buen rey, sabían evaluar esta complejísima
información para encontrar el día más propicio
para cada acción: una coronación, una guerra, un ritual,
un matrimonio.
Estos
conocimientos tan complejos estuvieron circunscritos a un grupo muy
reducido de sacerdotes-astrónomos y miembros de la nobleza de
las ciudades mayas del clásico. Para el resto de la sociedad,
sobre todo los campesinos, eran suficientes el tzolkin y el haab,
que controlaban los destinos individuales y el ciclo agrícola,
y que los siguen rigiendo hasta la fecha.
El
calendario mexica
Para
los mexicas, como para el resto de los mesoamericanos, no bastaba el
ciclo anual de 260 días; por ello utilizaron otro que consistía
en un año solar de 365 días (xíhuitl), dividido
en 18 meses de 20 días (360 días) y cinco 5 días
adicionales (nemontemi).
La
combinación de ambos ciclos, el de 260 y el de 365 días,
formaba unidades de 52 años. A este periodo se le llamó
"Rueda del Calendario" y era el sistema típico del
centro de México en el momento de la conquista. Para establecer
los nombres de cada año, los mexicas usaron los nombres de cuatro
días: ácatl (caña), técpatl
(pedernal), calli (casa), y tochtli (conejo). Cada símbolo
de día estaba asociado a un número diferente del uno al
13 (4 nombres de día x 13 numerales = 52 nombres de año).
Los mexicas llamaron a un "siglo" de 52 años xiuhmolpilli
o "atadura de los años",
y también se le conoce como "cuenta corta". Los ciclos
de 52 años se iniciaban entre los aztecas mediante un rito importante,
la fiesta del "Fuego Nuevo", que coincidía además
con la fecha en que la constelación Pléyades pasaba el
cenit a medianoche.
En
la "cuenta corta" de 52 años cabían exactamente
73 tonalpohualli (52 x 365 = 73 x 260 = 18,980 días).
Al cabo de este período, las combinaciones de los ciclos de 365
y 260 días se agotaban y comenzaba otro ciclo mayor con exactamente
las mismas fechas. Dos ciclos de 52 años, es decir 104 años,
se llamaban huehuetiliztli, "la vejez", y se caracterizaban
además por la coincidencia con el ciclo de Venus. El año
de Venus contiene 584 días, y 5 años de Venus corresponden
a 8 años solares; por lo tanto, cada 65 años de Venus
coincidían con 104 años solares y con 146 tonalpohualli
(65 x 584= 104 x 365 = 146 x 260 = 37, 960 días).
Los
mexicas utilizaban una fórmula abreviada para los fechamientos,
para no tener que mencionar en forma completa todos los elementos que
intervenían en una fecha: el día del tonalpohualli,
el ordinal del día dentro de la veintena y el año; en
cambio, decían únicamente el día del tonalpohualli
y el año, por ejemplo: 8 ehécatl de 1 ácatl.
Signos y nombres de los 20 días en el calendario mexica según
el Códice Borbónico
Como
el curso anual del Sol era la base del calendario y de la astronomía
prehispánicos, existen relaciones simbólicas entre los
fenómenos solares y las fiestas mexicas que caían en los
equinoccios, los solsticios o lo pasos del Sol por el cenit. Además
del referente solar, la estructura de sus fechas festivas se derivaban
de los ciclos estacionales y agrícolas. La división dual
del año en estación seca y de lluvias era fundamental.
Las ceremonias de los dioses de la lluvia y de las deidades del maíz
y de la tierra constituían el ciclo calendárico básico.
Así, había cuatro fechas clave: el inicio del año
calendárico mexica (12 de febrero); la siembra (30 de abril);
el apogeo de las lluvias y del crecimiento del maíz (13 de agosto)
y la cosecha (30 de octubre).