
Te habrás dado cuenta de que las bromas más pesadas suelen venir de tus amigos y compañeros de género masculino. También habrás notado que, aunque las muchachas también ríen y bromean, por lo general son menos agresivas.
.....Es una simple percepción que a lo mejor ni siquiera es cierta, pero que a un investigador inglés —Sam Shuster— le dio la pauta para iniciar un trabajo con carácter científico. Tal vez no con conclusiones definitivas, pero que al menos marca un camino para trabajar más y descubrir si las bromas tienen que ver con esa famosa hormona que le da a los varones muchas de sus características: la testosterona.
 
Desde hace tiempo se sabe que la testosterona tiene mucho que ver con la actitud agresiva de los machos en general. Es gracias a ella que, en la vida silvestre, el macho dominante pelea con sus competidores para mantener un territorio o a su grupo de hembras, y dar paso a la selección natural de los más aptos y capaces, mismos que tendrán mayores posibilidades de engendrar hijos con las mejores características para la supervivencia de la especie.
.....El punto es que, ahora que nos hemos ido “civilizando”, se supone que ya no necesitamos de la agresividad ni de la fuerza física para ocupar un espacio en la sociedad. La idea es que, como especie, tenemos más oportunidades de seguir sobre el planeta si colaboramos entre todos. No obstante, a partir de la adolescencia, la cantidad de esa hormona que circula por todo el organismo de los hombres es considerable. Eso explica algunos de nuestros comportamientos juveniles en los que enfrentamos riesgos desmedidos, como si se tratara de algo que no tuviera consecuencias.
.....La idea inicial del doctor Shuster era que las bromas constituían una forma de “domesticar” esa agresividad masculina, eso que en las ciencias de la conducta llaman sublimación. Dicho de otra manera: si tengo altos niveles de testosterona circulando en mi sangre, tendré propensión a agredir; pero si he aprendido a manejar esa agresividad o poco a poco disminuye la cantidad de dicha hormona —conforme avanza la edad— , entonces sólo atacaré con una burla o un chiste.

Imagina la creatividad que se requiere para diseñar un experimento que brinde algunos resultados. Ah, porque no es cosa de salir a la calle, solicitar voluntarios que ofrezcan donar sangre para medir niveles hormonales y luego pedirles que se hagan los graciosos.
.....El gran reto, al menos para este tipo de investigación exploratoria, consiste en no permitir que el experimento altere la conducta de la gente observada. Si saben que se medirá la testosterona y luego habrá el intento de correlacionar esa cantidad con la agudeza de sus chanzas, seguramente modificarían su conducta. Además, para que existiera la mínima validez necesaria, es obligatorio que todos los individuos estudiados enfrenten la misma situación.
.....Si tú fueras colaborador o colaboradora del doctor Sam Shuster, ¿cómo sugerirías que hicieran el experimento? Recuerda que se deben cumplir las siguientes condiciones:
- Las personas no deben darse cuenta de que se están observando sus reacciones.
- No puedes tomar muestras de sangre (pero sabes que la testosterona aumenta o disminuye de acuerdo con la edad).
- Debes presentar una situación que provoque una reacción y que sea la misma para todos los participantes.
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