Cuando terminé mi carrera en la Universidad de Moscú, estalló la revolución en mi país. Yo nunca fui al frente de batalla, pero trabajaba tratando de producir medicinas y de encontrar la manera de preservar los alimentos. En aquella época no teníamos ni aspirinas, pues se importaban de Alemania. Me propuse trabajar duro y logré fabricar la primera aspirina soviética. Luego busqué métodos para preservar el té, el pan y otros alimentos. Pero al mismo tiempo seguía preocupado por encontrar una respuesta al problema de cómo apareció la vida en la Tierra.

Te diré que desde que entré al liceo me inquietó siempre esta cuestión y después, cuando trabajaba en la Universidad de Moscú, se me convirtió en obsesión.

Me pasaba horas observando las plantas. Primero veía las más complicadas, luego otras más simples y así hasta llegar a las más sencillas. Pero mi pensamiento iba más allá tratando de imaginar algún ser vivo aún más elemental, que hubiera sido el primero en aparecer.

Los científicos de mi época (1922), decían que un buen día apareció la célula de una planta con todas sus funciones y complejidades, y que ése era el origen de la vida. Como si sus componentes anduvieran regados por ahí y de repente se juntaran, embonaran bien y todo empezara a funcionar.

Estas ideas no andaban lejos de las de EmpédoclesEmpédocles de Agrigento (484 a.C.-?, 424 a.C.) Filósofo y poeta griego. Realmente se conoce muy poco de su biografía; su personalidad está envuelta en la leyenda, que lo hace aparecer como mago y profeta, autor de milagros y revelador de verdades ocultas y misterios escondidos. En sus obras Empédocles comienza, como Parménides, estableciendo la necesidad y perennidad del ser. Pero su originalidad consiste en conciliar dicha necesidad con el devenir, con el transcurrir de todo. Intentando responder a esta cuestión, nos habla de cuatro "raíces" (rhicómata) eternas, los cuatro elementos naturales: fuego, agua, aire y tierra., quien decía que primero se formaron las manos, pies, ojos, cabellos, hasta que se unieron y apareció el hombre. ¿Tú que pensarías de esta explicación? A mí me parecía algo mágica, así que me propuse encontrar una más creíble.

Estudié todo lo que me diera una pauta para saber cómo eran las condiciones de la Tierra hace millones de años, y así supe que antes no había oxígeno. Traté de reproducir esas condiciones en el laboratorio y entonces pude formular mi teoría: la primera célula tuvo que formarse a partir de la materia que existía en la atmósfera de la Tierra primitiva: hidrógeno, nitrógeno, metano y vapor de agua, principalmente.

Además, al no existir oxígeno —gas muy corrosivo que no permite formar compuestos orgánicos— se pudieron congregar cadenas de moléculas orgánicas cada vez más grandes. Al aumentar de tamaño, aumentó su densidad y cayeron al océano primigenio. Ahí, protegidas del medio externo, llegaron del tamaño de gotitas que podían intercambiar materia y energía con su medio a través de una membrana delgadísima. Algunas desaparecían y otras se hacían más complejas. De ellas, algunas formaron una célula parecida en varios aspectos a las bacterias que descomponen la leche, y esa célula formó organismos cada vez más complicados. Desde entonces, la evolución no se ha detenido ni un solo momento.

—¿Hasta llegar a nosotros? —dijo Jaime.
—Exactamente, hasta crear seres tan complejos como el hombre.
—Pero, ¿por qué no se le había ocurrido eso a nadie? —preguntó el niño.