
Aprender de las equivocaciones
Vaya que aprendió algo la joven y obtuvo una moraleja. En esto del respeto a la naturaleza no basta con buenas intenciones y nobles sentimientos. Para que el trabajo de protección y rescate sea efectivo, es necesario conocer cómo operan las relaciones entre los distintos seres vivos, y eso se logra con mucha observación y estudio.
Diana pudo percatarse de que la naturaleza funciona con equilibrios muy delicados, donde no hay buenos ni malos, sino ejemplares que cumplen con una función.
Cualquier intervención de las personas rompe el balance, y de eso tenemos una cantidad de ejemplos enorme. Las plagas de conejos en Australia, los borregos de la isla Socorro, la introducción de carpas en lagos donde no existían y la lista crece con rapidez extraordinaria.
Con la pérdida de un ciempiés quizá no pase nada, pero cómo saber el riesgo que entraña la siembra de pastos que tienen su origen en otros continentes, la liberación de mascotas exóticas o el uso de semillas transgénicas (organismos genéticamente modificados).
Las cosas pueden salir muy mal, peor que la experiencia de Diana.