La música del códice Trujillo del Perú
Texto: Jesús Herrera
Diseño Gráfico: Jani Rivera

A finales del siglo XVIII, Baltasar Jaime Martínez Compañón —obispo de Trujillo en el Virreinato del Perú— hizo un viaje de varios años para conocer la región que tenía a su cargo. Tiempo después, cuando tuvo que dejar Trujillo porque fue nombrado arzobispo de Bogotá, Martínez Compañón le envió al rey de España una serie de más de mil 400 ilustraciones, que había hecho durante el viaje que realizó entre 1782 y 1785. Estas imágenes, que están actualmente en la biblioteca del Palacio Real de Madrid, se conocen como el códice Trujillo del Perú o Codex Martínez Compañón. Cabe mencionar que el obispo de Trujillo tenía una buena formación musical; sabemos que durante su viaje se hizo cargo de las lecciones de canto llano a los seminaristas de las poblaciones de Piura, Lambayeque y Cajamarca.


El obispo Baltasar Jaime Martínez Compañón
Códice Trujillo, t. I,f. 056

            Las ilustraciones del códice Trujillo nos permiten conocer un poco sobre la vida en Perú a finales del siglo XVIII: además de imágenes de plantas y animales, hay una serie de mapas y de ilustraciones de la sociedad virreinal peruana y de sus costumbres, entre las que se encuentran la música y la danza. Hay una serie de 36 ilustraciones de danzas populares y 18 láminas con las partituras de 20 piezas de música popular, procedentes de distintos lugares de los que visitó Martínez Compañón. En este artículo podrá escuchar fragmentos de algunas piezas del códice Trujillo.


Partitura de la Cachua a dúo y a cuatro al nacimiento de Cristo
Códice Trujillo, t. II,E. 176

 

El códice Trujillo en la historia de la música

El códice Trujillo del Perú es muy importante para la historia de la música latinoamericana, pues sus partituras plasmaron piezas de la tradición popular que por lo general no se escribían. Era costumbre tener por escrito, por ejemplo, la música religiosa que se hacía diariamente en los templos, así como la música profana que realizaba la gente —sobre todo de clases altas— que contaba con estudios formales, pero la música popular generalmente no se escribía y se transmitía por tradición oral. Por música popular entendemos, por ejemplo, aquella que se hacía en las fiestas del pueblo —ya fueran religiosas o profanas— y en distintos en lugares de reunión, como en las chicherías (1).


Indios bailando en el patio de la chichería
Códice Trujillo, t. II,E.61

            En nuestra época, al igual que en el siglo XVIII, en muchos casos los músicos populares pueden ser virtuosos de sus instrumentos aunque no tengan formación musical académica. Esto quiere decir que a veces estos músicos tocan muy bien, incluso piezas con alto grado de dificultad, pero que no pueden leer o escribir notación musical. En nuestros días hay una buena cantidad de música popular que se escribe y que hasta se publica, pero hay mucha música que está en proceso de desaparición o que ya se ha perdido. Por ejemplo, son muchos los casos de música que se tocaba en fiestas o ceremonias de distintos grupos sociales y que se está olvidando. A veces sólo los adultos mayores de un grupo o población recuerdan ciertas piezas musicales que mucha gente sabía años atrás; cuando esa gente muere y nadie ha escrito la música, esas piezas se pierden irremisiblemente. La música se salva cuando hay gente que se preocupa por preservar la tradición, ya sea de forma oral —como se ha hecho siempre— o a través del registro escrito, como se hace actualmente, por ejemplo, en las investigaciones sobre esta música. Resulta una gran fortuna que en el siglo XVIII una persona con preparación musical académica se haya ocupado de registrar la música que comúnmente no se escribía. De esta manera podemos acercarnos a un pasado bastante lejano en tiempo, aunque cuando escuchamos su música en ocasiones puede resultar familiar y cercano, muy parecido a nuestro presente sonoro.

 

(1) La chicha es una bebida alcohólica tradicional que se acostumbra en Perú; la chichería es el lugar donde se vende y/o consume la chicha.