La lógica de la propuesta

De acuerdo con el abogado y activista T. Tomoel Hair, de ser cierto el argumento de que un fumador pasivo corre más riesgos en su salud al estar en contacto con el humo de los fumadores activos, la obligación del Estado para minimizar ese peligro consistiría en transformarlos en fumadores activos, al menos en el ámbito doméstico.

    Las cifras son contundentes y la lógica también. Si el fumador pasivo tiene hasta un 20 % más de probabilidades de desarrollar un proceso cancerígeno, comparado con el adicto, entonces disminuiría ese porcentaje al incorporarse al hábito.

    Así las mismas cifras epidemiológicas, que antes permitieron promover políticas públicas restrictivas, hoy son el sustento para impulsar la obligatoriedad del consumo del cigarrillo.

 

Estadísticas contra ciencia empírica

En recientes entrevistas, algunos de los investigadores que antes se encargaron de establecer la relación entre tabaquismo y males pulmonares, han reconocido que la interpretación de sus datos fue hecha con fallas metodológicas y hasta cierta carga emocional; varios de ellos se declararon ex fumadores que, con el paso del tiempo y bajo los efectos de la tentación por regresar al hábito, desarrollaron una aversión que mucho tenía de visceral.

    En un intento desesperado por detener el embate de los promotores del tabaquismo que aprovechan sus propias conclusiones, ahora solicitan que no se haga ninguna modificación a las leyes hasta que, en tanto, no quede esclarecido eso que antes faltó: ¿cuál es la forma en que la química de la combustión del tabaco altera la fisiología y provoca cambios patológicos en el organismo?

 

   

Como podrá ver, esta medida es bastante polémica, por lo que resulta fundamental expresarse. Por eso mismo, le recomendamos que conozca el proyecto del abogado T. Tomoel Hair, las cartas de apoyo y los foros de discusión.

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