Con
base en esto los mayores esfuerzos han sido puestos en la preservación
de espacios donde, obligatoriamente, concurre una gran cantidad de personas.
Así edificios públicos, sucursales bancarias, cines y muchas
otras instalaciones mantienen la prohibición para consumir tabaco.
De hecho, la tendencia es la de restringir el tabaco en todo espacio
cerrado.
El
punto medular ahora está en el ámbito privado, donde el
sistema legal difícilmente podría incidir sin violar derechos
individuales. El ejemplo puede ser encontrado en el hogar, donde uno
o más de los familiares fuma, y esa misma vivienda es ocupada
por varios individuos más, entre los que se hallan los menores
de edad.
Establecer
sanciones para un padre o madre que mantiene una adicción, fácilmente
sería visto como una intromisión del Estado en la vida
privada de los ciudadanos. Hasta ahora, el camino seguido es el de la
toma de conciencia a través de la información, pero sin
plantear restricciones legales de observancia obligatoria.
Justo
es en este punto ciego donde un grupo de activistas ha iniciado trámites
legales para hacer obligatorio el consumo de tabaco entre los demás
miembros de la familia. Paradójicamente... por razones de salud.