Texto: Ramón Cordero G.
          Catedrático U. A. Chapingo
Diseño gráfico: Nora Espino

 

Como una avalancha, cada vez son más las legislaturas locales que han decidido enfrentar a la industria tabacalera y proteger así a los no fumadores. Sin embargo, los avances logrados podrían enfrentar un obstáculo que, al menos en teoría, presenta argumentos lo suficientemente sólidos como para hacer obligatorio el tabaquismo para todas aquellas personas que conviven con gente que fuma.

 

Los antecedentes

Como recordará, desde hace muchos años ya se había encontrado una asociación estadística entre la incidencia de cáncer pulmonar y el hábito de fumar —en realidad adicción.

    Sin embargo, a pesar de los datos epidemiológicos iniciales, no se había logrado establecer la causalidad del fenómeno al quedar desconocida la patogénesis del mal. Hoy día las evidencias son más sólidas, luego de que por largo tiempo las instituciones de salud se han dado a la tarea de hacer el seguimiento de otras enfermedades entre las que se encuentran el enfisema pulmonar, los accidentes circulatorios y varias más. Con la información disponible, es abrumadora la evidencia.

    Más recientemente, las encuestas de salud incluyeron a los no fumadores expuestos al humo del tabaco y los datos dejan en claro que el fumador pasivo sufre efectos más nocivos que el propio consumidor. Éste fue el punto de partida para legislar por espacios limpios libres de emisiones de cigarrillos, cigarros puros y pipas.

Legislar entre el derecho de unos y otros

En sociedades democráticas es harto difícil deslindar dónde termina el derecho de una persona a fumar —estando al tanto de los daños que provoca a su salud— y dónde comienza el derecho de quienes no lo hacen, para respirar un aire exento de los residuos de la combustión.

    Con base en esto los mayores esfuerzos han sido puestos en la preservación de espacios donde, obligatoriamente, concurre una gran cantidad de personas. Así edificios públicos, sucursales bancarias, cines y muchas otras instalaciones mantienen la prohibición para consumir tabaco. De hecho, la tendencia es la de restringir el tabaco en todo espacio cerrado.

    El punto medular ahora está en el ámbito privado, donde el sistema legal difícilmente podría incidir sin violar derechos individuales. El ejemplo puede ser encontrado en el hogar, donde uno o más de los familiares fuma, y esa misma vivienda es ocupada por varios individuos más, entre los que se hallan los menores de edad.

    Establecer sanciones para un padre o madre que mantiene una adicción, fácilmente sería visto como una intromisión del Estado en la vida privada de los ciudadanos. Hasta ahora, el camino seguido es el de la toma de conciencia a través de la información, pero sin plantear restricciones legales de observancia obligatoria.

    Justo es en este punto ciego donde un grupo de activistas ha iniciado trámites legales para hacer obligatorio el consumo de tabaco entre los demás miembros de la familia. Paradójicamente... por razones de salud.