Texto: Ramón Cordero G.
Diseño gráfico: Jani Rivera
A lo mejor somos de aquellas personas a las que irrita profundamente cada vez que llega la fecha de pagar el consumo de electricidad, y es
excesivo. Si es el caso, vale la pena preguntar: ¿qué estamos haciendo para disminuirlo?
Claro que hay gente sin muchas opciones, sobre todo para las que viven en regiones tan cálidas que el uso de ventiladores o equipos de aire acondicionado es una auténtica necesidad. Sin embargo, por lo que respecta a la iluminación, tenemos una alternativa importante en los focos ahorradores de energía.
La generación de la corriente eléctrica, con independencia de su costo, es un proceso que contribuye significativamente a la contaminación, sobre todo en aquellas plantas que para operar echan mano de combustibles fósiles. A nivel mundial, sólo una mínima parte de la electricidad se obtiene en hidroeléctricas, la mayoría usa carbón, aceite, diesel, gas, que con sus emisiones contribuyen al calentamiento global. Y bueno: está también el caso de las que aprovechan la energía nuclear.
Una tecnología que gana popularidad
En muchos hogares se mantiene la costumbre de sustituir las clásicas bombillas incandescentes cada vez que el filamento interior queda fundido. Lo cierto es que en casi cualquier tienda es muy fácil encontrar el repuesto a un costo sumamente bajo, y tal vez por ello ni siquiera nos pasa por la mente que la reposición pueda ser hecha con un foco ahorrador de energía.
Se trata de un desarrollo tecnológico que ya tiene un buen número de años y, aunque antes requería de instalación especial, hoy día los equipos modernos son cada vez más prácticos y sencillos de reemplazar.
Estos cilindros de cristal prescinden del típico filamento y, a cambio, cuentan con un recubrimiento interior de material fluorescente. El tubo está lleno con vapor de mercurio y al establecerse el arco eléctrico, lo que sucede es que hay excitación de los átomos del fósforo que integra el recubrimiento y la radiación se convierte en luz. Explicación demasiado parca, pero suficiente como para saber que adentro, no arde nada.
Lo anterior puede parecer poco importante, pero tiene un significado trascendente en ciertos ambientes: la cantidad de calor generada es mínima. En sitios cálidos o habitaciones en las que se dificulta la ventilación esto resulta bastante valioso, porque evitará el trabajo forzado de otros aparatos eléctricos como ventiladores y equipo de refrigeración. Como resultado conseguimos un ahorro indirecto de energía. Si hay duda, puede acercar la mano al bulbo incandescente común y, ahí, por efecto de la radiación calorífica, notará de qué estamos hablando.