Entre todos los entrevistados, el conocimiento sobre métodos anticonceptivos es abundante, independientemente de que hayan sostenido relaciones sexuales o no.

92 de cada 100 hombres y mujeres mencionan el preservativo, seguido de las píldoras (72%). A partir de aquí los recursos más citados divergen según sea el sexo. Ellos aluden mayoritariamente a la ligadura de trompas (52.9%) o la vasectomía (54.6%). Ellas en cambio refieren el dispositivo intrauterino (60.6%) y los inyectables (57.6%). Esto lleva a los investigadores a pensar que las mujeres “tienen acceso a más y mejor información sobre el uso de métodos para evitar el embarazo sin ser necesariamente definitivos”.

No obstante, ¿es conocimiento significativo o mero compendio de información erudita, pero inútil, que no se lleva a la práctica?

 

Si nos atenemos a las cifras duras, 36 de cada 100 de los que ya experimentaron su sexualidad no usan método alguno. No obstante, si confiamos en la veracidad de lo que declaran, la cifra se suaviza un poco aunque no lo suficiente: una tercera parte de ellos (el 32.1%) no se cuida por no tener relaciones sexuales en la época en que fue aplicada la encuesta.

Haciendo cuentas, el 24 por ciento de los que tenían vida sexual activa lo hacían de manera “natural”, es decir, con altas probabilidades de meterse en un problema innecesario por no auxiliarse con un método de prevención. Una cuarta parte, en contacto continuo con el riesgo, es suficiente para preocuparse sobre cómo estamos estimulando a lo jóvenes a que se cuiden a sí mismos tomando en cuenta que, de cualquier manera, van a ejercer su sexualidad.

Sin embargo, no todo es para lamentarse. Aunque el 36.5 por ciento de los que emplean un método anticonceptivo aún lo hace por una decisión individual y solitaria que se pone como condición para sostener relaciones, el 57.6 por ciento ya lo hace en común acuerdo con su pareja sexual. Esto nos habla de mayores márgenes de negociación, respeto y entendimiento entre las personas.

 


De cualquier manera, el foco de atención son los menores de 18 años. Si consideramos que es hasta esta edad cuando los jóvenes comienzan a cuidarse con algún método de manera más recurrente, y que suelen iniciar su actividad sexual desde tres años antes, resulta urgente reforzar en este lapso los mensajes para que se cuiden.

Hasta hoy el acento de las campañas respecto al uso del condón han recaído en la prevención de enfermedades sexualmente transmisibles. Por lo que podemos leer en los comentarios a los que hacía referencia al principio de este artículo, lo jóvenes parecieran más preocupados en lo que conlleva ser participante de un embarazo no deseado. ¿No tendría que ser éste un eje significativo de comunicación con ellos?

De ahí que le propongamos hacer una consulta entre sus alumnos para permitirles exponer las angustias que les genere el tema y, de paso, detectar lagunas de información que necesiten ser cubiertas.

Para ello divida el pizarrón en tres columnas y titule cada una de la siguiente manera: “¿qué necesito saber sobre sexualidad?”, “¿en dónde o con quien me puedo informar?” y “¿me daría pena preguntarlo?, ¿por qué?”.

Según lo considere más adecuado, pídales que llenen los cuadros con sus opiniones o que lo hagan de manera anónima y escrita para luego ser comentados en grupo.

La intención final del ejercicio será determinar en qué enfocan sus preocupaciones, qué fuentes de información conocen para resolverlas y qué tan accesibles las perciben como para acercarse ellos mismos.

Dependiendo de los resultados, usted estará en condiciones de saber qué temas debe reforzar pidiéndoles que investiguen un poco más sobre las instituciones encargadas de proporcionar información al respecto.


 

Ahora recomendamos que lea los artículos “¿Qué es la oportunidad demográfica?” y “Los jóvenes y el trabajo”.

También los siguientes textos, en los que se aborda el tema de la sexualidad y el sida: “Hablemos del sida", “La circuncisión y el sida”, “¿Comprar un condón... yo?”, “Todo lo que usted quería saber sobre el condón, pero temía preguntar”, “Geles microbicidas para la prevención del sida”, “Postergan la lucha contra el sida”, “De la sífilis al sida: vidas privadas y paranoias públicas” y “El sida: una epidemia mundial”.