La Comisión de la Verdad tuvo como objetivo exponer a la sociedad un retrato tan amplio como fuera posible de las causas, naturaleza y duración de las violaciones a los derechos humanos cometidas en el período entre el
1 de marzo de 1960 hasta la fecha establecida para finalizar las audiencias (1998). También sería su misión establecer en qué casos y por qué razones se otorgaría amnistía.

La Comisión también tendría la misión de restaurar la dignidad humana de las víctimas, reparar los daños económicamente (en los casos en que esto fuera posible) y recopilar toda la información detallada de los testimonios de las víctimas y perpetradores, para evitar que en un futuro la historia se volviese a repetir.

La Comisión estaría constituida por tres comités distintos. El primero, el Comité de Violaciones de los Derechos Humanos, se encargaría de ver por las víctimas a través de sus propios testimonios y también a través de la investigación legal.

El segundo, el Comité de Amnistía, tendría que evaluar las solicitudes de amnistía. La última cláusula de la constitución de Sudáfrica establece que:

 

La implementación de dicha Constitución sienta las bases para que el pueblo de Sudáfrica trascienda las divisiones y problemas del pasado, que generaron graves violaciones de los derechos humanos, la trasgresión de principios humanitarios en conflictos violentos y una herencia de odio, miedo, culpa y venganza.

 

Esto puede entenderse ahora con base en el hecho de que existe una necesidad de entendimiento, pero no de venganza; una necesidad de reparación, pero no de revancha; una necesidad de ubuntu (la filosofía africana del humanismo), pero no de victimización.

En virtud de avanzar hacia dicha reconciliación y reconstrucción se otorgará amnistía por aquellos actos, omisiones y ofensas asociados a objetivos políticos y cometidos durante el curso de los conflictos del pasado.

El tercero, el Comité de Rehabilitación y Reparación, tendría que poner en marcha una política de reparación para restaurar las vidas de las víctimas y sobrevivientes de violaciones graves de derechos humanos.

En muchos casos la reparación fue prácticamente simbólica: la reparación real se ha dado más bien bajo un proyecto de affirmative action y black empowerment , mismo que ha permitido que las razas no-blancas en Sudáfrica tengan además de igualdad de derechos, medios económicos para integrarse tanto a la nueva sociedad democrática como a la economía.

 

 


Las audiencias de la comisión duraron poco más de dos años. La Comisión recibió 20 mil declaraciones provenientes de víctimas y 8 mil solicitudes de amnistía. Si fue un éxito o un fracaso, sigue siendo tema de debate en Sudáfrica y el mundo entero, pero una cosa sí es cierta: el público en general aprendió que la relación entre verdad y reconciliación es mucho más compleja de lo que aparenta.

Uno de los dilemas que es importante destacar cuando se habla de una comisión como la de Sudáfrica, es aquel que brota cuando se antepone la reconciliación a la justicia. La reconciliación en Sudáfrica tuvo como rasgo distintivo la invocación del perdón más que la reparación. En pocas palabras, para que haya reconciliación tiene que haber perdón.

La discusión en torno a la Comisión se centró justo en este dilema: que cuando se hace justicia, el perpetrador paga por los daños causados con su libertad y en algunos países hasta con su vida; cuando se otorga el perdón no hay tal pago, pues perdonar no hace justicia.

El filósofo francés Jacques Derrida dice que el perdón perdona lo imperdonable. En otras palabras, dice que el verdadero perdón se da cuando se perdonan actos que en nuestro sano juicio no tienen perdón. Lo que no tiene perdón, también en palabras del filósofo, es aquello que nos priva de nuestra humanidad.