“Nkosi sikelel iAfrika”
(“Dios salve a África”)
Tomado del himno nacional sudafricano


Hablar de justicia y reconciliación en Sudáfrica pone de manifiesto muchas cosas que conciernen a las sociedades del mundo entero. Como latinoamericanos sabemos que a lo largo de la historia de la mayoría de nuestras naciones hemos enfrentado violaciones a los derechos humanos. Si bien ningún régimen latinoamericano ha sido acusado por las Naciones Unidas de “crimen contra la humanidad”, como lo fue el régimen del Apartheid, muchos gobiernos de América Latina se han enfrentado a sus sociedades civiles y se han visto en la necesidad de dar respuesta y de hacer justicia como responsables de violaciones a los derechos humanos.

Existen muchas lecciones que aprender de lo que sucedió en la historia reciente de Sudáfrica, pero quizás la más importante es la labor de reconciliación que ha vivido la sociedad. Esta reconciliación sólo ha sido posible gracias a la voluntad política de los líderes de Sudáfrica, pero sobre todo a la voluntad moral de un pueblo que ante todo busca reconstruir su país y sanar las heridas del pasado.

En sociedades como las latinoamericanas con poblaciones de diversas culturas, con un pasado colonial y con una historia de abuso y discriminación, la historia de Sudáfrica puede servir como ejemplo de propuesta de desarrollo donde la unidad nacional promueve asimismo el reconocimiento de la diferencia entre sus ciudadanos.

El problema del racismo y los abusos de una clase sobre otra, ya sea clase gobernante o clase social, así como las violaciones a los derechos humanos son un problema global: lo que pasó en Sudáfrica es sólo un ejemplo grave de lo que el hombre puede llegar a hacerle a otros hombres si le es permitido.

 

“Apartheid” es una palabra en Afrikáans (el idioma de los blancos descendientes de holandeses, muy similar al flamenco) y quiere decir separación, vivir aparte. Como proyecto político planteaba el desarrollo de las personas de razas no-blancas separadas de la blanca. Su justificación era la de plantear un proyecto de coexistencia pacífica en el que cada raza —los negros, mulatos, indios y blancos—, podrían conservar sus propias costumbres y modo de vida, es decir su propia cultura.

En la práctica no fue un sistema pacífico ni promovió el desarrollo de los negros en ningún sentido. La discriminación y la violación de los derechos fundamentales de los negros en Sudáfrica fueron el rasgo distintivo de este régimen.

Los años que precedieron a la instauración del Apartheid hasta entrada la década de los noventa, estuvieron marcados por una intensa lucha política que culminó con la liberación de Nelson Mandela, encarcelado durante casi treinta años, y las primeras elecciones democráticas en la historia de Sudáfrica en abril de 1994.

 

 

Nacido el 18 de julio de 1918, Nelson Rolihlahla Mandela, fue el líder principal de la lucha por la liberación de las razas no-blancas de Sudáfrica. Rolihlahla, en la lengua materna de Mandela (el Xhosa), quiere decir de manera coloquial “alborotador, el que causa problemas, agitador”.

Mandela fue el líder político y en muchos sentidos también el líder moral, del movimiento de liberación en Sudáfrica. Desde prisión se las arregló para seguir de cerca la lucha política y dirigirla en la medida de lo posible.

La vida de este gran líder del siglo XX es motivo para muchas páginas de reflexión. Para el tema que hoy discutimos, el de la reconciliación, es muy importante destacar que fue en gran medida gracias a la concepción de perdón y reconciliación de Mandela, aunado a un proyecto de nación donde todos estuviesen incluidos, lo que favoreció a la transición democrática y relativamente pacífica en Sudáfrica.

 

 

Después de las elecciones democráticas y el triunfo del Congreso Nacional Africano (CNA) como partido gobernante, surgieron una serie de nuevos retos para la sociedad sudafricana. Entre ellos estaba el de la reconciliación y el perdón. De ese momento en adelante había que pensar en cómo reparar los daños causados a millones de ciudadanos que habían perdido todo, incluso la dignidad humana durante los años del Apartheid.

Uno de los recursos que surgieron y que fue un gran acicate para la paz y el perdón fue la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, asignada por el presidente electo Nelson Mandela.