Hablar de justicia y reconciliación en Sudáfrica pone
de manifiesto muchas cosas que conciernen a las sociedades del mundo
entero. Como latinoamericanos sabemos que a lo largo de la historia
de
la mayoría de nuestras naciones hemos enfrentado violaciones
a
los derechos humanos. Si bien ningún régimen latinoamericano
ha sido acusado por las Naciones Unidas de “crimen contra la humanidad”,
como lo fue el régimen del Apartheid,
muchos gobiernos de América Latina se han enfrentado a sus sociedades
civiles y se han visto en la necesidad de dar respuesta y de hacer
justicia como responsables de violaciones a los derechos humanos.
Existen muchas lecciones que aprender de lo que sucedió en la
historia reciente de Sudáfrica, pero quizás la más
importante es la labor de reconciliación que ha vivido la sociedad.
Esta reconciliación sólo ha sido posible gracias a la voluntad
política de los líderes de Sudáfrica, pero sobre
todo a la voluntad moral de un pueblo que ante todo busca reconstruir
su país y sanar las heridas del pasado.
En sociedades como las latinoamericanas con poblaciones de diversas
culturas, con un pasado colonial y con una historia de abuso y discriminación,
la historia de Sudáfrica puede servir como ejemplo de propuesta
de desarrollo donde la unidad nacional promueve asimismo el reconocimiento
de la diferencia entre sus ciudadanos.
El problema del racismo y los abusos de una clase sobre otra, ya sea
clase gobernante o clase social, así como las violaciones a los
derechos humanos son un problema global: lo que pasó en Sudáfrica
es sólo un ejemplo grave de lo que el hombre puede llegar a
hacerle a otros hombres si le es permitido.