Posiblemente lo mejor sea comenzar con un ejemplo.

......Supón que regresas a casa luego de una larga mañana en la escuela. Tienes hambre, sed y cansancio, por lo que caminas distraídamente preocupándote más por pensar en la tarea vespertina, en lo que habrá para comer en un rato más o en los cuadernos que se te están cayendo de entre los brazos. Como dirían los mayores... papando moscas.

......De repente, al pasar por delante de un portón, escuchas los amenazadores ladridos de un perro. ¡Vaya susto! Algo tan inesperado que ni siquiera tienes tiempo de pensar o girar la cabeza para ver cuál es la amenaza. Apenas, por el rabillo del ojo, notas un bulto que se dirige a gran velocidad hacia ti y percibes que es la fuente del ruido. ¡Todo en un instante!


......
El desenlace puede ser cualquiera. Hay gente que saldría corriendo después de tirar lo que trae en las manos y quedar a salvo sobre un automóvil o trepando a un árbol. Otra persona podría quedar congelada, como conejillo asustado que permanece indefenso ante el ataque, con el resultado de una mordida o al menos con la ropa desgarrada. Quizá alguien más se disponga a la defensa y volteando, prepare una patada que le ponga un “estate quieto” al agresor.

......Es más: posiblemente el escandaloso perro ni siquiera esté en condiciones de echarse encima, porque hay una reja como obstáculo o permanece fuertemente atado.

......Lo que importa es lo que sientes cuando ocurre un evento parecido y lo que sucede con tu cuerpo: Has tenido una “descarga” de adrenalina.