La princesa Ana cuando niña no era muy diferente del resto de las princesas de los cuentos de hadas: estaba destinada a heredar un hermoso reino donde abundaban los bosques con altos pinos, ardillas, conejos, venados y, por supuesto, seres fantásticos como hadas, duendes, gnomos, pegazos y unicornios.

Y ni hablar de los jardines llenos de flores, de las fuentes abundantes en peces y tortugas con caparazones formados por piedras preciosas como rubíes, zafiros, esmeraldas y diamantes.


La princesa Ana era hija de un rey muy consentidor, que la abrazaba cada que podía y le repetía sin parar “te quiero”. A ella (como a muchas niñas) eso le gustaba y de vez en cuando le fastidiaba, y es que hay papás que abrazan casi todo el tiempo. Como él era muy barrigón, ella jugaba a balancearse sobre su panza hasta quedarse dormida.

Ana le hacía pasar muy malos ratos a la reina durante los días de fiesta, cuando no le importaba que su vestido fuera de las más finas telas y se iba a jugar a la tierra ensuciándose la ropa. Y la reina se enojaba más porque el rey casi siempre defendía a la pequeña. Sucede que así son muchos papás, quizá porque en el fondo les gustaría jugar en la tierra y dejarse caer sobre el pasto para admirar el cielo y adivinar las formas de las nubes y no ir al trabajo ni usar corbata.




Creció: de niña a adolescente y de adolescente a joven. Entonces se casó con el príncipe Barrigón. La boda fue todo un acontecimiento, invitados de todas las comarcas, un suculento banquete y lo mejor: ¡muchos regalos!




Cuando la princesa Ana llegó a su nuevo hogar era tan delgada como una espiga, se complementaba perfecto con el príncipe Barrigón (que en verdad tenía una gran panza). Pero de un momento a otro, el vientre de la princesa también comenzó a crecer. Los sastres a trabajar para hacerle nuevos vestidos y el pueblo a preocuparse.

El príncipe amenazó con sancionar a cualquiera que criticara el cambio de la princesa pues, para él, ella era hermosa sin importar su talla. Pero la princesa siguió creciendo hasta que... No te lo vamos a decir, si quieres saber necesitar llevar a tus papás a la librería o biblioteca, busca Princesa Ana, libro escrito por Marc Cantin e ilustrado por Martin Jarrie.

Ahora recomendamos que leas “Ricardo, de Helme Heine”, “Un montón de bebés”, “El peinado de la tía Chofi, de Vivian Mansour” y “Zoológico, de Anthony Browne”.


Bibliografía recomendada:

      Cantin, Marc (autor), Jarrie, Martin (ilustrador): Princesa Ana.
      México, Fondo de Cultura Económica, 2000. Edad recomendada: 5 a 7 años.