Diana Sheinbaum
La bolsa de valores es el nombre de un mercado muy particular. Se trata
de un lugar en donde se vende y se compra, como en cualquier mercado;
pero donde el tipo de mercancías es diferente. En su forma más
básica, en la bolsa de valores se intercambian pedazos de empresas
(en términos financieros, acciones) que son puestos a la venta
con el objetivo de obtener recursos. Pero no sólo eso, la bolsa
de valores es cada vez más un mecanismo con el cual es posible
vender y comprar cualquier cosa: deudas, derechos, expectativas, riesgos
e, incluso, contaminación.

En términos sencillos, el principio que rige a la bolsa de valores
es el siguiente: si yo tengo “algo” que me sobra, y tú “algo” que
te falta, no hay ninguna razón por la que no podríamos
negociar con ese “algo”.
Con este principio tan básico no debe sorprendernos que la bolsa
exista desde hace varios siglos. El término bolsa empezó a
ser utilizado en el siglo XV cuando una familia de la nobleza belga inició el
intercambio de valores. El apellido de esta familia era Van der Bürsen,
mismo que fue traducido como bolsa.
Como vemos, la bolsa de valores no es una invención moderna.
Desde el siglo XV y hasta le fecha se ha desarrollado como una de los
mecanismos más importantes del sistema financiero de muchos países.
Sin embargo, a partir de los últimos años del siglo XX,
la bolsa de valores ha incluido nuevos “productos” que no sólo
interesan a empresarios, banqueros e inversionistas, sino que nos conciernen
a todos debido a que tienen que ver directamente con nuestra vida.