
Si reflexionamos acerca de las características antes señaladas, nos ponemos a pensar necesariamente en quiénes son aquellos que están viviendo esta era posmoderna. Y es que cuando vivimos en un planeta donde las diferencias no sólo existen entre naciones (países ricos y pobres), sino al interior de cada país, vemos que los contrastes sociales muestran también
realidades muy distintas.
Hay comunidades rurales y poblaciones marginadas en donde no se puede, ni siquiera, hablar de modernidad porque ésta nunca ha llegado a ellos. ¿Cómo entonces podríamos hablar de posmodernidad? En cierto sentido parecería como si la posmodernidad fuera sólo un fenómeno de las grandes ciudades, o por lo menos de aquellos que tienen acceso a las telecomunicaciones. Sin embargo, podemos decir que la marginación y la pobreza, y en general todas las minorías, son de hecho el tema principal de la posmodernidad, donde son reconocidas como parte de una realidad global y ya no como la “periferia”. El pobre, el homosexual, el negro o el indígena, el “diferente”, por decirlo así, es el principal protagonista de la posmodernidad. Éste es el principio de la pluralidad.

Parecería como si este vacío de universales y de ideologías
nos dejara con una cierta desolación, con una incertidumbre hacia
el futuro. Pero la posmodernidad no es nihilista
:
antes al contrario, nos plantea la posibilidad de un futuro en el que
todos estemos representados en el sentido de que haya un lugar para todos
en el mundo, sin importar cuáles sean nuestras características
particulares; en donde, a través de conocer a los otros seres
humanos diferentes a nosotros, se nos revele también una nueva
posibilidad de existencia. 
El ángel de la historia del que habla el poeta Paul Valery (1871-1945), es un ángel desencantado, que ve al mundo desmoronarse ante sus ojos. Guerra tras guerra los hombres se matan entre sí, sin aprender nada aparentemente. La mayor ironía de este supuesto fin de la historia es que la lucha se ha renovado aunque el enemigo no tiene rostro alguno y está en todos lados. El ángel de la posmodernidad sería un ángel confundido más que desencantado, porque no puede apuntar a la razón y señalar de qué se trata esta guerra. El desencanto quizás estaría en que el mundo que reciben los jóvenes de hoy es un mundo sumido en la indiferencia.
Es la indiferencia quizás una de las consecuencias más importantes de la comunicación en masa, porque la realidad posmoderna es una en la que los seres humanos —y aquí la ironía—, que somos más visuales que nunca, ya no nos conmovemos con lo que vemos, con todo y que lo que vemos es muchas veces pobreza, violencia, miseria y desencanto.
De la mano con la posmodernidad está la globalización,
por lo que te invitamos a leer el artículo “La
globalización”.