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Exótica
Por otro lado, en la búsqueda de aquella materia que no emita
radiación electromagnética, los científicos
de las partículas elementales tienen la palabra. Ellos, en
su intento de crear teorías fundamentales de la materia,
predicen la existencia de “partículas exóticas”,
aquellas que no interactúan de ninguna forma con la materia
ordinaria, salvo a través de su gravedad. Se trataría
de algo radicalmente distinto a la materia como la conocemos. Estamos
hablando de una materia que nos estaría atravesando a gran
velocidad en estos momentos sin que nos demos cuenta. A esto lo
llaman partículas exóticas. Y tanto el micro como
el macromundo las necesita.
Por lo pronto, la ciencia ha identificado partículas de
materia exótica en tres presentaciones: "fría",
"caliente" y "tibia"; con cada una de éstas
se obtienen distintos caminos en la estructuración del universo.
Es decir: “las propiedades del macrocosmos son extremadamente
sensibles a las propiedades del microcosmos”, como afirma
Vladimir Ávila-Reese, de la UNAM. Y con sus modelos de formación
de galaxias comparados con las observaciones astronómicas,
se infiere que la materia oscura fría o algo tibia es la
más viable. 
El único problema que existe en todas estas teorías
es que, hasta ahora, la “materia oscura exótica”
no ha sido detectada en la Tierra. El problema de detectar en laboratorio
a las esquivas partículas exóticas es miles de veces
más difícil que encontrar una aguja en un pajar. En
el mundo científico saben que aquel que encuentre alguna
evidencia directa de la materia exótica, se llevará
el premio Nobel. Bastará un solo evento certero para que
el mundo de la ciencia salte en pedazos. Y en esa carrera compiten
tanto astrofísicos como los científicos que estudian
las partículas elementales.
Pero la ciencia siempre tiene alternativas debajo de la manga.
Podría ser que en realidad no exista la materia oscura y
que los efectos gravitacionales que los astrónomos le atribuyen
a ella se deban más bien a que la Ley de la gravedad es otra
en las grandes escalas del universo.
No obstante, el 21 de agosto de 2006, un equipo de científicos
estadounidenses, dirigidos por Doug Clowe, de la Universidad de
Arizona, mostró evidencias de que esta alternativa es poco
atendible. El descubrimiento fue posible gracias al satélite
de rayos-X Chandra, de la NASA.
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