Adolf el superhombre: traga oro y suelta chatarra
Adolfo Hitler hipnotizaba a las masas. Sus dones de orador, su carisma y su determinación ejercían un dominio sobre la voluntad colectiva que pusieron en estado de alerta a las mentes críticas de los años treinta. Adolf el superhombre (de julio de 1932) muestra una radiografía del líder nazi. En la imagen se trasluce el interior de su pecho y al mismo tiempo expone, simbólicamente, cuál es el “alimento” de su retórica grandilocuente. Una hilera de monedas doradas conecta su boca y su estómago; la svástica, emblema que usaron los nazis, se sitúa sobre el corazón. Hitler abre la boca desmesuradamente, los ojos puestos en el
horizonte, el pecho echado para delante, tiene el gesto de quien se dirige a un auditorio. En Adolf el superhombre , los discursos, una parte esencial del programa nazi, son mostrados como pomposos, nutridos de dinero y representativos del capital, no de la gente. “Traga oro y suelta chatarra”: el oro paga la chatarra que sale por la boca del poderoso líder.
Este fotomontaje fue ampliado a modo de cartel y pegado por todo Berlín en agosto de 1932. Esta crítica frontal, sin ambigüedades, era un acto temerario en la Alemania de principio de los treinta. En abril, Hitler había ganado el 36.8 % de los votos para la presidencia y el partido nazi obtuvo la mayor parte de los escaños del Reichstag
Comenzaba a sentirse un ambiente de represión y censura.
El tema de la retórica
y el gesto es continuado en otro fotomontaje titulado Hay millones detrás de mí (de octubre de 1932), donde Hitler hace el saludo nazi, destinado a entusiasmar y aterrorizar a cientos de personas, que se convierte en una mano avariciosa que toma dinero del gran capital. Se establece una oposición entre los significados real y aparente del saludo. El texto dice: “El significado del saludo hitleriano: un hombrecillo pide grandes regalos”.
En ambas obras, el montaje fotográfico es muy hábil, da la impresión de que se trata de la realidad. La fuerza expresiva de estas imágenes radica precisamente en eso: que con la apariencia de realidad se recompone la realidad en función de una idea. Es decir que se expone la visión crítica de quien creó la imagen. El autor de estos fotomontajes de crítica política fue el alemán John Heartfield.
Heartfield es uno de los inventores del fotomontaje. Formó parte de la corriente artística del dadaísmo en Berlín y, como dadaísta, experimentó con montajes fotográficos e ntre 1915 y 1916. El comienzo de una serie llamada Fotomontaje sobre la Historia contemporánea fue el inicio de esa intención de usar la gráfica en favor de la expresión. Heartfield fue de los fundadores del Partido Comunista Alemán, en 1918, lo que se hizo evidente en sus imágenes, en las que se expresaba la crítica política. En 1927 comenzaron sus colaboraciones para Die Arbeiter Illustrierte Zeitung (El Periódico Ilustrado de los Trabajadores) (AIZ), una revista de emisión semanal donde Hearfield publicó unos 200 fotomontajes satíricos tanto sobre el partido nazi como sobre las instituciones de la República de Weimar
que habían permitido su crecimiento.
Además de los dos fotomontajes contra Hitler que ya le mostramos, son célebres las obras: Bellotas alemanas (1933) donde muestra a un Hitler en miniatura regando un roble del que brotan bellotas que representan cascos de soldados y gorras de las SA (Sturm Ableitung, Sección paramilitar del Partido Nacionalsocialista alemán) encima de bombas y misiles; y ¡Hurra, se terminó la mantequilla! (1935), en el que hace una sátira de la frase de Goering
: “El hierro hace fuerte a un país; la mantequilla y la manteca sólo hacen engordar a la gente”. Heartfield presenta a una familia mordisqueando tranquilamente hierro, mientras al fondo aparecen fotografías de Hitler a modo de papel tapiz.
