Es difícil hablar de una tercera ola, principalmente en países en vías de desarrollo donde en muchos ámbitos siguen sin superarse los dilemas de la primera ola. Aun en Francia, Estados Unidos y el Reino Unido, países que han contribuido enormemente al acervo feminista, los dilemas de la primera y segunda ola son motivo de intensos debates.

En general una tercera ola feminista intentaría una “espiritualización” ética del contrato social, donde la mujer siga siendo reconocida como una alteridad radical, un “otro” diferente del hombre y no su opuesto. Dicho de otra manera, el género femenino no es contrario al masculino, es diferente, y el reconocimiento de esta diferencia implica responsabilidad y no lucha.

De alguna manera la tercera ola está marcada por el fenómeno de la posmodernidad, en el que las fronteras han sido rebasadas y las comunicaciones llegan al rincón más remoto del mundo. La desaparición de fronteras reales e imaginarias ha generado una necesidad de reconocimiento de la diferencia como respeto y responsabilidad hacia todo lo que se sale del marco de la identidad misma.

Las mujeres buscan igualdad de representación en los sistemas políticos, hecho que se traduce en acceso al poder. Así mismo buscan un cambio radical en las funciones domésticas donde las mujeres siguen llevando toda la carga del trabajo en casa y de la educación de los hijos. El feminismo de la tercera ola no busca renunciar a la crianza, busca una manera de poder realizarse en la maternidad sin tener que renunciar al éxito profesional.

 

 

Uno de los objetivos del movimiento feminista es recalcar que el sexo es una cosa y otra muy distinta el género. El sexo está determinado por la biología o naturaleza, el género es la parte cultural, aprendida. Es así como pensar en términos de género y no de sexo puede llevar a un cambio radical en las relaciones sociales entre ambos sexos.

En general las funciones que se adjudican a cada género son construcciones culturales. Cada sociedad desarrolla sus expresiones culturales de acuerdo a cada género. Las feministas coinciden en que la cuestión biológica del sexo juega un papel distinto al del género. Es por eso que cuando hablamos de fenómenos como el machismo lo adscribimos a las prácticas culturales de una sociedad, es decir el machismo y todo lo que lo denota, al fin de cuentas, no es la naturaleza de los hombres en oposición a la de las mujeres, sino una cultura que perpetúa ciertos mitos y símbolos del mismo.

 

El Día de la Mujer tiene el propósito de señalar dichos temas como parte de una agenda mundial que se encargue de eliminar, en la medida de lo posible, aquellos fenómenos que mantienen a las mujeres en un estado de desigualdad con respecto a los hombres.

Por lo tanto no es un día para alegrarse ni felicitarse, sino para recordar a todas aquellas mujeres —en el presente y en el pasado— que sufren y han sufrido de los aspectos negativos de la dominación masculina.

 

 

Si le interesa el tema, recomendamos que lea los artículos “La mujer y la violación de sus derechos humanos”, “Valores, creencias y significaciones de la sexualidad femenina”, “Abuso sexual en Italia”, “Torneo de gol sin mujeres” y “Feminismo y arte


 

Fuentes:

  • Human Rights Watch, página oficial: www.hrw.org , (consultada el 19 de marzo de 2006)
  • Jaggar, Alison et.al, Feminism in Philosophy, “Feminism in ethics: Moral justification”,
    Cambridge, Cambridge University Press
  • Walsh, Lisa et.al, Contemporary French Feminism, Oxford, Oxford University Press