Sinopsis

Fraile del siglo XVI que se dedicó a la noble labor de enseñar a los que entonces llamaban sordomudos.

 

Afortunadamente la palabra compuesta sordomudo está desapareciendo del léxico cotidiano, dado que los niños no son mudos, sino que al faltarles el sentido del oído desde que son bebés, dejan de emitir sus propias vocalizaciones y balbuceos al no poder oírlos, y por lo tanto el proceso de adquisición del lenguaje se detiene.

Hasta el siglo XVI, un niño con estas características estaba prácticamente condenado al ostracismo y no se le consideraba un ser educable y capaz de aprender a leer, escribir y comprender. Por ello es que la creación de un método que enseñara a las personas sordas a expresarse y comprender un lenguaje es un hecho digno de conmemorar, y a su creador de colocarlo como uno de los grandes bienhechores de la humanidad.

Este es el caso de fray Pedro Ponce de León, español de la orden benedictina que en el siglo XVI inventó un sistema para enseñar a los sordos: logró que aprendieran a leer, escribir y hablar, mediante la atenta observación de los movimientos de los labios, según cuentan algunos comentaristas de su época, ya que él nunca dejó un documento escrito, o si lo escribió no se tiene conocimiento de su impresión. Y es hasta el siglo XIX que se hizo justicia a su mérito como bienhechor de la humanidad.

Se desconoce la fecha y el lugar de su nacimiento, las fuentes no se ponen de acuerdo: unas dicen que pudo haber sido en Oña, Burgos, en 1510; o en Sahagún, León, en 1540. Otros dicen que en Cataluña llamándole Pons o en la ciudad de Valladolid en 1520: este dato es mencionado por varios autores. 1

 

Tampoco se conoce el nombre de sus padres ni datos acerca de su niñez. Por los apellidos puede suponerse que pertenecía a una familia de abolengo y, por lo tanto, debió recibir una buena educación. Uno de sus biógrafos considera que al vivir en Valladolid estuvo en contacto con el ambiente cultural de esa ciudad y que era un hombre inteligente, estudioso y creativo.

Se sabe que ingresó a la orden de San Benito, así como que era un fraile ejemplar y austero, ya que sus contemporáneos le llegaron a llamar “el venerable” cuando se referían a él. Al parecer, cuando se encontraba en el convento de Sahagún, intentó ingresar como fraile un hidalgo que debido a una enfermedad sufrida en la niñez había quedado sordo. El Prior no quiso recibirlo, porque al no hablar no podría emitir los votos, y esto le pareció suficiente razón para negarle la entrada.

Fue entonces cuando fray Pedro Ponce lo tomó bajo su protección y le enseñó las palabras precisas para pronunciar los votos. Lo hizo mostrándole cómo mover los labios y la lengua hasta que éste comprendió y logró emitir sonidos, primero inarticulados pero posteriormente aprendió a pronunciar y escribir al grado que hay una referencia de Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, en el que menciona que este hombre (Gaspar Burgos) escribió varias obras y se le consideró un gran literato. 2

Muchos creyeron que era un milagro; para Pedro de Ponce fue una inspiración, por lo que el resto de su vida su afán más buscado fue ayudar a los sordos. Primero enseñándolos a pronunciar las letras del abecedario y posteriormente por medio de dibujos y objetos relacionó los movimientos de los labios con las palabras, repitiendo hasta que la persona decía la palabra correctamente.

1 Vid , Clavel, Vicente, Cuando los grandes bienhechores eran niños, p.45.
2 Ibid , p.52.