Para transitar un niño solo por la ciudad requiere de la maduración
de su sistema nervioso. La percepción debe formarse y entrenarse,
para aprender a calcular las velocidades de los autos, las distancias
y los lugares más seguros para poder cruzar. La educación
vial implica la comprensión de símbolos y la traducción
de éstos en hechos y acciones, por lo que su aprendizaje debe
hacerse en forma gradual y conforme el pequeño sea capaz de integrar
símbolo y significado con la acción correspondiente.
Conocer
las distintas señales de transito e identificar cuáles
son restrictivas, preventivas e informativas ayudan a discriminar figuras
y colores, recordando los símbolos y sus significados.
Conocer un reglamento y cumplirlo es un aprendizaje que requiere
de una actitud y una disposición amigable, que debe transmitirse
a los niños junto con las reglas.
La educación vial no es un aprendizaje sin sentido; no se trata
de cumplir por cumplir las reglas, sino que tienen un porqué y
un para qué. El niño debe comprenderlo y asimilarlo
para darle un sentido al deber de obedecerlas.
Las reglas de tránsito promueven la convivencia y el respeto
por los derechos de los demás.
El conocimiento de las reglas trae implícita la recompensa
de acceder a un lenguaje y a un comportamiento adulto.
La educación vial tiene aspectos lúdicos y puede ser
una actividad muy completa para los niños en edad preescolar:
ellos disfrutan haciendo sus semáforos, dibujando y creando
sus propias señales, representando a un agente de tránsito
y a los peatones, mientras otros usan sus triciclos y
bicicletas y corrigen entre ellos mismos a los que no
cumplen las normas.